Y hasta aquí el Proyecto Marte

Así empezaba el Proyecto Marte:

Oficialmente, hoy, el primer humano respirará la atmósfera marciana. Abrirá la puerta del módulo 001 saldrá al exterior y inspirará a fondo, aguantará el aire en sus pulmones y lo expirará. Y sonreirá de felicidad y satisfacción.

Era el 11 de noviembre de 2013 cuando inicié mi pequeña gran aventura cifi: la terraformación de Marte y un paseo por la historia futura de la humanidad durante 17 milenios. El pasado sábado, 18 de abril de 2015, publiqué el último capítulo de la novela, casi un año y medio después.

El Proyecto Marte ha sido un cúmulo satisfacciones. Nació como campo de pruebas donde experimentar y creció hasta tomar vida propia, a la que me costó ponerle el “FINAL”.

Lo mejor del camino ha sido el lector (al menos un lector seguro que tengo, espero que varios). A través de las redes, he podido obtener su feedback, sus ganas de más, su apoyo, su reconocimiento y la impagable ayuda en difundir mi obra. Gracias a los que me habéis apoyado y leído. Y no es para quedar bien, hubo un par de momentos que estuve por dejarlo, y no lo hice porqué tenía quien esperaba leer más.

Usha LeberEl Proyecto Marte, la novela digital, hasta aquí ha llegado, pero aquí no muere.

Estoy preparando la edición de libro que espero autopublicar después del verano, y de la que ya os iré informando. Por ahora, dejad que os presente a Usha Leber, que está tomado cuerpo gracias al magnífico trabajo de Claudio Sánchez Viveros.

Además, ya que el universo que creé para el Proyecto es enorme (17 milenios de nada), tengo en mente ir explorándolo a través de pequeños cuentos, sin ningún tipo de periodicidad prevista.

Para septiembre también estoy preparando una nueva novela con un sistema de publicación similar al Proyecto Marte. Esta vez dejo la ciencia ficción para adentrarme en la alta fantasía. Poco más os puedo contar de este nuevo reto, porqué me estoy peleando conmigo mismo para ver si será de magia y hechicería, steampuck o arcanepunk. Como soy de pelearme poco pueda que mezcle los tres géneros.

 

Seguiremos informando.

De nuevo, gracias a todos los que habéis apoyado Proyecto Marte.

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Proyecto Marte 21: Usha Leber

10.946 años después que Usha Leber respirara por primera vez el aire de Marte, oficialmente.

 

El gran océano marciano es poco más que un mar de aguas congeladas altamente salinizadas. La vida microscópica, la última que resiste las extremas condiciones del planeta, está perdiendo su última batalla. Un planeta demasiado pequeño, una gravedad demasiado ligera cómo para retener una atmósfera estable que permita la vida.

A la Coordinación General le pareció una buena idea hacer nacer una niña a la que llamarla Usha y transferirle una consciencia cuántica Leber para escenificar nuestra marcha de Marte. Espero sola en el módulo, el resto de tripulación me espera en la estación orbital. Me enfundo el traje espacial e inicio la emotransmisión.

Cada humano en la Tierra, en las estaciones orbitales, en las naves en trayectoria, en Europa y Ganimedes y en las colonias de Centaury oye el resonar de mis pasos vacíos por el módulo, ven mi mano abrir la compuerta y tomar el camino de tierra roja hasta la pequeña nave que deberá sacarme del planeta.

No cierro la compuerta, ¿para qué? Nadie queda, nadie volverá. Un detalle efectista en el guion de mi partida, tantas veces ensayado. Podríamos haber intentado recuperar la atmosfera cuando, hace un par de milenios, vimos que empezaba a diluirse, pero, ¿para qué? Marte fue nuestro gran sueño, pero ahora es sólo una pequeña roca inerte que observa nuestra conquista de la Galaxia.

Cuentan que hubo una época en la que los humanos teníamos, al menos, una certeza en nuestra vida: sabíamos que algún día moriríamos, incluso podíamos elegir cuando ocurría. Hoy, no tenemos ni esa verdad a la que aferrarnos.

Somos cada uno de nosotros, a la vez que coexistimos, a la vez que compartimos una gran consciencia compartida. Y en todo, no sé quién soy, y que me espera tras esta última misión en Marte. Remonto la escalera de la nave y dedico una última mirada al suelo rojo, al modulo abandonado y al cielo eterno, nuestro nuevo hogar. Me desconcierta el futuro abierto.

Una Usha Leber respiró, por primera vez el aire de Marte, hoy, otra Usha Leber se despide de él.

 

FIN

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Proyecto Marte 20: Alysa Robinson

6.765 años antes que Usha Leber respirara por primera vez el aire de Marte, oficialmente.

 

Me resigno a morir en Marte. Lo asumo, no hay otro remedio. Seremos como los pioneros que posaron sus pies por primera vez sobre la tierra roja, hace casi mil años. Esa misma tierra roja que ahora guarda sus cuerpos.

Morir en la misión es algo para lo que nos prepararon: un fallo en la nave durante en la travesía, un error de cálculo en el aterrizaje, un desprendimiento de rocas, una caída por el viento, un fallo en los sistemas vitales, la excesiva exposición a las radiaciones solares, problemas biológicos derivados de la baja gravedad… Marte es terrible y muchos compañeros han muerto en las misiones que nos han precedido. Pero no esperábamos morir así. Abandonados.

Nuestro relevo debería haber llegado hace varios meses, con doce nuevos científicos listos para seguir con la terraformación marciana, y los suministros para mantener la colonia otros diez años. Estábamos contentos, el aumento de la temperatura del planeta ya no requiere de nuestra intervención constante y los polos han empezado a fundirse. Con el aumento del agua líquida y en vapor, está siendo relativamente fácil introducir vegetales y hongos. El suelo marciano empieza a ser azul y verde. Desde los montes podemos observar como algunas llanuras toman nuevos colores y se llenan de vida. El sueño de una atmósfera respirable se torna real, aunque queden varios milenios para que el proceso se complete.

No me rindo, vinimos a cumplir una misión y dejaré hasta mi último alienta de vida en ello. Aunque mis compañeros me llamen loca, puede que seguir con mi trabajo sea la única manera de seguir cuerda.

 

 

La misma locura irse, la misma que quedarse. Las peleas fueron terribles, no participé de ellas. La vuelta era inviable, la nave de carga que se mantenía acoplada en la estación orbital no estaba preparada para llevarnos de vuelta. A pesar de las seis cámaras de transporte humano, la nave necesitaba reparaciones, y para ello esperábamos la nueva flotilla de relevo.

Lo sé, yo viajé a Marte en esa nave. A pocos días de nuestra llegada, el piloto automático nos despertó por la colisión inesperada de un asteroide que destruyó los sistemas de navegación. Sin ningún punto de referencia, más que el perfil del planeta que iba creciendo ante nosotros, pudimos llegar, a duras penas, a la órbita marciana.

Pero no era posible indicar a la nave una nueva trayectoria hasta la Tierra; guiarse por el brillo del planeta, un punto en el cielo, era una locura. Morirían perdidos en el espacio, errarían por siempre, en el Sistema Solar. Intenté decírselo. Pero la opción de esperar la muerte en Marte, peleándonos por los recursos cada vez más escasos, les parecía más terrible.

Puede que su marcha nos regalara, a los que nos quedamos, algo más de vida. Seis se fueron, otros tantos nos quedamos, y preferimos olvidar la muerte de Oliver peleando con Marvin por una última plaza en el vuelo.

 

Sólo quedamos tres. Miles no sobrevivió a los efectos de la radiación, de vuelta a casa lo habríamos salvado, aquí sólo pudimos darle una muerte dulce. Dycson no despertó una mañana, se despidió con una dulce carta.

Me escapo hasta el valle, a observar el lago. Contemplo los banderines de plástico que flotan sobre las aguas, movidos por el viento y el oleaje. Una forma eficiente de conseguir energía eléctrica, y mucho más barata que trasladar estructuras de molinos de viento o paneles solares desde la Tierra. En cada banderín, una pequeña esfera plástica guarda un peso metálico que, en su movimiento constante por mantenerse en el fondo, genera electricidad. Gravedad y viento. Fácil. Eficiente.

Los banderines luchan por irse con el aire y el peso los mantiene erectos. No sé si es una metáfora de lo que me ocurre, la irresoluble soledad quiere llevarse mi cordura, sólo el trabajo me mantiene serena. Pero, para qué, me pregunto. ¿Vale la pena? ¿Por qué alargar esto más?

Hace tres año que recibimos la última comunicación desde casa. Estábamos preocupados por lo que estaba sucediendo en la Tierra. Tras tanto tiempo de anunciarlo, y a pesar de los intentos de los ingenieros de estabilizarla, la falla de San Andrés parecía estar a punto de ceder.

Luego, las noticias llegaron sólo de la base lunar y las estaciones orbitales. Se había hundido la costa oeste del continente norteamericano y, con ella, la mitad de nuestras familias, nuestros amigos y el centro espacial.

El terremoto de San Andrés provocó un gran tsunami que arrasó con la vida humana en el Pacífico. Los relatos desde la Luna eran terroríficos. Habían contemplado la gran ola tragándose cada pequeña o gran isla, incluso la enorme Australia, hasta la costa de China. Siguieron erupciones que surgían del mar y hacían despertar volcanes dormidos. No obtenían ninguna comunicación de la Tierra, y el cielo se tornó oscuro y gris.

 

 

Primeros se despidieron las estaciones orbitales, después, la lunar. Los más afortunados, con naves de retorno, intentaron volver a la superficie terrestre, si es que quedaba un lugar donde aterrizar. Los que no tuvieron suerte, se resignaron a morir faltados de suministros vitales. Quedábamos nosotros. Ahora, sólo dos.

Anoche, Friedrich despertó entre gritos. Decía ahogarse y necesitar aire. No llegamos a tiempo de evitar que se introdujera en la exclusa y saliera al exterior sin el traje protector ni respiración asistida. Hemos encontrado su cuerpo a pocos pasos del módulo. Ahora descansa en el suelo rojizo, su cuerpo alimenta la nueva vida marciana.

Alia sigue hablando de una misión de rescate, dice que no nos abandonaran, que los humanos somos invencibles y que tres años es tiempo suficiente para la Tierra se recupere. Pronto recibiremos noticias, dice, pronto nos vendrán a buscar. Me he marchado con el transportador a plantar vainas de semillas, no quiero oírla. Nadie vendrá a por nosotras, puede que seamos los últimos humanos vivos en todo el sistema. Puede que haya llegado el momento de extinguirnos como especie.

 

 

Alia no estaba. Cuando volví no estaba. Salí a buscarla, pero las tormentas borraron las huellas de su vehículo de transporte. He subido a montañas, pero no veo ningún rastro de ella. Sólo los campos verdes y los riachuelos. Puede que sí, que alguien la haya venido a buscar, puede que me merezca quedarme sola y morir aquí.

Estoy tentada de lanzarme por uno de estos acantilados y despedirme para siempre. Dejar que la vida floreciente me acoja y servirle de alimento. Pero no puedo, me quedan muchas vainas de semillas por disponer a lo largo del planeta para que, cuando llegue el agua a esos rincones, la vida crezca.

Dejo el norte y las auroras boreales, construyo caminos haya el ecuador del planeta, hasta donde me lleven las vainas y las provisiones. Puede que los humanos desaparezcamos, pero regalaremos al universo un nuevo planeta habitable.

Proyecto Marte: Alysa Robinson (5)

Alia no estaba. Cuando volví no estaba. Salí a buscarla, pero las tormentas borraron las huellas de su vehículo de transporte. He subido a montañas, pero no veo ningún rastro de ella. Sólo los campos verdes y los riachuelos. Puede que sí, que alguien la haya venido a buscar, puede que me merezca quedarme sola y morir aquí.

Estoy tentada de lanzarme por uno de estos acantilados y despedirme para siempre. Dejar que la vida floreciente me acoja y servirle de alimento. Pero no puedo, me quedan muchas vainas de semillas por disponer a lo largo del planeta para que, cuando llegue el agua a esos rincones, la vida crezca.

Dejo el norte y las auroras boreales, construyo caminos haya el ecuador del planeta, hasta donde me lleven las vainas y las provisiones. Puede que los humanos desaparezcamos, pero regalaremos al universo un nuevo planeta habitable.

Proyecto Marte: Alysa Robinson (4)

Primeros se despidieron las estaciones orbitales, después, la lunar. Los más afortunados, con naves de retorno, intentaron volver a la superficie terrestre, si es que quedaba un lugar donde aterrizar. Los que no tuvieron suerte, se resignaron a morir faltados de suministros vitales. Quedábamos nosotros. Ahora, sólo dos.

Anoche, Friedrich despertó entre gritos. Decía ahogarse y necesitar aire. No llegamos a tiempo de evitar que se introdujera en la exclusa y saliera al exterior sin el traje protector ni respiración asistida. Hemos encontrado su cuerpo a pocos pasos del módulo. Ahora descansa en el suelo rojizo, su cuerpo alimenta la nueva vida marciana.

Alia sigue hablando de una misión de rescate, dice que no nos abandonaran, que los humanos somos invencibles y que tres años es tiempo suficiente para la Tierra se recupere. Pronto recibiremos noticias, dice, pronto nos vendrán a buscar. Me he marchado con el transportador a plantar vainas de semillas, no quiero oírla. Nadie vendrá a por nosotras, puede que seamos los últimos humanos vivos en todo el sistema. Puede que haya llegado el momento de extinguirnos como especie.

Proyecto Marte: Alysa Robinson (3)

Sólo quedamos tres. Miles no sobrevivió a los efectos de la radiación, de vuelta a casa lo habríamos salvado, aquí sólo pudimos darle una muerte apacible. Dycson no despertó una mañana, se despidió con una dulce carta.

Escapo hasta el valle para observar el lago. Contemplo los banderines de plástico que flotan sobre las aguas, movidos por el viento y el oleaje. Una forma eficiente de conseguir energía eléctrica, y mucho más barata que trasladar estructuras de molinos de viento o paneles solares desde la Tierra. En cada banderín, una pequeña esfera plástica guarda un peso metálico que, en su movimiento constante por mantenerse en el fondo, genera electricidad. Gravedad y viento. Fácil. Eficiente.

Los banderines luchan por irse con el aire y el peso los mantiene erectos. No sé si es una metáfora de lo que me ocurre, la irresoluble soledad quiere llevarse mi cordura, sólo el trabajo me mantiene serena. Pero, para qué, me pregunto. ¿Vale la pena? ¿Por qué alargar esto más?

Hace tres año que recibimos la última comunicación desde casa. Estábamos preocupados por lo que estaba sucediendo en la Tierra. Tras tanto tiempo de anunciarlo, y a pesar de los intentos de los ingenieros de estabilizarla, la falla de San Andrés parecía estar a punto de ceder.

Luego, las noticias llegaron sólo de la base lunar y las estaciones orbitales. Se había hundido la costa oeste del continente norteamericano y, con ella, la mitad de nuestras familias, nuestros amigos y el centro espacial.

El terremoto de San Andrés provocó un gran tsunami que arrasó con la vida humana en el Pacífico. Los relatos desde la Luna eran terroríficos. Habían contemplado la gran ola tragándose cada pequeña o gran isla, incluso la enorme Australia, hasta la costa de China. Siguieron erupciones que surgían del mar y hacían despertar volcanes dormidos. No obtenían ninguna comunicación de la Tierra, y el cielo se tornó oscuro y gris.

Proyecto Marte: Alysa Robinson (2)

La misma locura irse, la misma que quedarse. Las peleas fueron terribles, no participé de ellas. La vuelta era inviable, la nave de carga que se mantenía acoplada en la estación orbital no estaba preparada para llevarnos a la Tierra. A pesar de las seis cámaras de transporte humano, la nave necesitaba reparaciones, y para ello esperábamos la nueva flotilla de relevo.

Lo sé por qué yo viajé a Marte en esa nave. A pocos días de nuestra llegada, el piloto automático nos despertó por la colisión inesperada de un asteroide que destruyó los sistemas de navegación. Sin ningún punto de referencia, más que el perfil del planeta que iba creciendo ante nosotros, pudimos llegar, a duras penas, a la órbita marciana.

Pero no era posible indicar a la nave una nueva trayectoria hasta la Tierra; guiarse por el brillo del planeta, un punto en el cielo, era una locura. Morirían perdidos en el espacio, errarían por siempre, en el Sistema Solar. Intenté decírselo. Pero la opción de esperar la muerte en Marte, peleándonos por los recursos cada vez más escasos, les parecía más terrible.

Puede que su marcha nos regalara, a los que nos quedamos, algo más de vida. Seis se fueron, otros tantos nos quedamos, y preferimos olvidar la muerte de Oliver peleando con Marvin por una última plaza en el vuelo.

Proyecto Marte: Alysa Robinson (1)

6.765 años antes que Usha Leber respirara por primera vez el aire de Marte, oficialmente.

 

Me resigno a morir en Marte. Lo asumo, no hay otro remedio. Seremos como los pioneros que posaron sus pies por primera vez sobre la tierra roja, hace casi mil años. Esa misma tierra roja que ahora guarda sus cuerpos.

Morir en la misión es algo para lo que nos prepararon: un fallo en la nave durante en la travesía, un error de cálculo en el aterrizaje, un desprendimiento de rocas, una caída por el viento, un fallo en los sistemas vitales, la excesiva exposición a las radiaciones solares, problemas biológicos derivados de la baja gravedad… Marte es terrible y muchos compañeros han muerto en las misiones que nos han precedido. Pero no esperábamos morir así. Abandonados.

Nuestro relevo debería haber llegado hace varios meses, con doce nuevos científicos listos para seguir con la terraformación marciana, y los suministros para mantener la colonia otros diez años. Estábamos contentos, el aumento de la temperatura del planeta ya no requiere de nuestra intervención constante y los polos han empezado a fundirse. Con el aumento del agua líquida y en vapor, está siendo relativamente fácil introducir vegetales y hongos. El suelo marciano empieza a ser azul y verde. Desde los montes podemos observar como algunas llanuras toman nuevos colores y se llenan de vida. El sueño de una atmósfera respirable se torna real, aunque queden varios milenios para que el proceso se complete.

No me rindo, vinimos a cumplir una misión y dejaré hasta mi último alienta de vida en ello. Aunque mis compañeros me llamen loca, puede que seguir con mi trabajo sea la única manera de seguir cuerda.

Proyecto Marte 19: Jean Luc Trevize

4.181 años después que Usha Leber respirara por primera vez el aire de Marte, oficialmente.

 

Diario de bitácora. Capitán Jean Luc Trevize. Fecha 6765.201 en calendario estándar terrestre, en la Jellyfish II, en ruta regular a Europa desde Marte.

Los sistemas de navegación de la nave estiman la llegada a la órbita de Júpiter en doce días estándar, dos días por debajo de la previsión original. Los pasajeros siguen en hipoconsciencia inducida.

Bitácora Jean Luc Trevize fuera.

 

Seguridad identificación Trevize Dos Delta Seis Lambda Omega Mu. Mensaje a la Coordinación General del Sistema.

La carga de seguridad nivel Alfa de la bodega tres sigue dentro de los parámetros.

Trevize Dos Delta Seis Lambda Omega Mu fuera.

 

Seguridad identificación Jean Luc Dos Cinco. Diario personal. Día 6.971 de Servicio.

Sólo treinta días, sólo un mes estándar y habrá concluido el Servicio. Sólo 720 horas para volver a sentir el aire en mis pulmones y el suelo bajo mis pies, volver a notar mi cuerpo. Por Marte que tengo ganas de correr. Recuerdo la última vez, cruzando el hall de la academia espacial de Avalon, llegábamos tarde a la lanzadera que nos trasladaría a la estación en órbita, donde me esperaba la Jellyfish para el acople.

Tras los primeros 200 días de Servicio en la academia, era el momento de tomar mi puesto cómo capitán de la nave. Recuerdo sentir la falta de aire, jadeando, intentando recuperar el aliento al llegar a los pies de la lanzadera, mientras el Almirante Nimoy, omitiendo nuestro retraso, seguía con su discurso: Navegantes, es el momento de servir al Sistema, a su legado milenario de paz y prosperidad para la humanidad. Hoy os puede parecer duro dedicar tanto tiempo de vuestra vida al Servicio, cumplisteis todos hace poco los diecisiete años y estaréis otros tanto cumpliendo la misión que se os ha asignado. Pero es sólo el pequeño precio que la humanidad os pide, el precio que antes de vosotros, vuestros padres y abuelos pagaron. Luego, el Sistema será vuestro, el universo se abrirá para serviros.  

La nueva capitana de la Jellyfish II duerme en el nivel dos. La he visto en imágenes a través de mi consciencia cuántica Trevize, espero que mis ojos puedan mirarla después de permanecer cerrados tantos años. ¿Y si me he quedado ciego? Alguna vez ocurrió, aunque me aseguraron que hace siglos que ese problema quedó resuelto.

Me gustaría decirle que el trabajo es apacible y que, superados los primeros meses, te olvidas de tu cuerpo físico. Sólo vuelven a despertarse las ganas de sentirlo cuando se acerca la cifra de los siete mil días de cumplimiento del Servicio, como ahora. Le dejo una buena nave, se conduce con facilidad y siempre son agradables las historias que cuentan los pasajeros cuando embarcan antes de entrar en hipoconsciencia o cuando… Pero qué… ¡Por Marte!

Jean Luc Dos Cinco fuera.

 

Diario de bitácora. Capitán Jean Luc Trevize. Fecha 6765.201 en calendario estándar terrestre, en la Jellyfish II, en ruta regular a Europa desde Marte. Anexo.

La calorimetría detecta actividad inesperada en el nivel dos. Se activan protocolos de emergencia.

Bitácora Jean Luc Trevize fuera.

 


 

Seguridad identificación Trevize Dos Delta Seis Lambda Omega Mu. Mensaje Urgente a la Coordinación General del Sistema. Mensaje en réplica ciega.

Emergencia. Nave bajo asalto. La carga de seguridad Alfa sigue aislada y dentro de los parámetros. Se solicita intervención inmediata de naves de apoyo cercanas. Emergencia.

Trevize Dos Delta Seis Lambda Omega Mu fuera.

 

Diario de bitácora. Capitán Jean Luc Trevize. Fecha 6765.204 en calendario estándar terrestre, en la Jellyfish II, en ruta regular a Europa desde Marte.

Continuamos con los intentos de recuperar el control sobre los sistemas de la nave. Tras los hechos de 6765.201, no podemos ejercer ninguna función de control sobre la nave, sólo hemos podido reactivar el acceso a los sistemas de vigilancia, pero no actuar.

Hemos identificado dos viajantes como los posibles causantes de lo sucedido. Ahora se encuentran en el nivel uno, en el puente de mando manual de la nave. Según las unidades de hipoconsciencia vacías, sus identidades corresponden con los pasajeros 142DH6 y 824DH3, Victoria Champs y Dry Bernard. No existen datos relevantes sobre los dos viajeros: Individuales provenientes de la base subatlántica terrestre con destino a Europa para trabajar en las minas oceánicas.

Los análisis de la consciencia cuántica Trevize estiman que lo más probable es que los dos pasajeros alteraron sus unidades de hipoconsciencia para despertar antes de la llegada a Europa con la intención de tomar de control de la nave con objetivos contrarios a los intereses de los ciudadanos del Sistema.

En el puente de mando manual se ha observado una pequeña esfera metalizada. La consciencia cuántica estima con un 99,9% de probabilidades que la esfera es un nodo portátil modificado mediante el cual se ha tomado el control de la nave. No se sabe cómo pudo camuflarse la esfera en la carga y equipaje del pasaje.

Las conversaciones entre los dos viajeros, reducidas a aspectos de navegación de la nave, son breves y no detallan información sobre sus intereses.

Seguiremos trabajando para recuperar el control de la nave. La consciencia humana Jean Luc aboga por una intervención física y la consciencia cuántica Trevize, por continuar con los protocolos establecidos. Se acuerda, cómo objetivo prioritario, recuperar las comunicaciones externas para alertar a la Coordinación General del Sistema.

Bitácora Jean Luc Trevize fuera.

 

Seguridad identificación Jean Luc Dos Cinco. Diario personal. Día 6.974 de Servicio.

¡Por Marte! Un secuestro de piratas, no puede ser otra cosa… ¡Que la unidad JDC primigenia nos proteja!

No me gusta llevar cargas secretas en el nivel tres, pero claro, estoy en el Servicio, sólo obedezco, no tengo opinión. Y la consciencia Trevize no se plantea poner en duda las órdenes del Sistema, en momentos así no nos entendemos. Echo de menos cuando estábamos plenamente conectados, cuando coexistíamos, Trevize evaluaba y yo decidía. No pensé que esto fuera lo más duro del Servicio. El control de la Jellyfish pide la atención plena de la consciencia cuántica y ello implica una desconexión parcial de mi mente. Ahora somos dos consciencias conversando, y me fastidia.

Quiero pasar a la acción, si hace falta, salir de la burbuja amniótica y parar los pies a esos dos, pero Trevize no lo estima oportuno. Aún quedan protocolos por seguir y las probabilidades de éxito de mi misión serian bajas, dice. Y yo no puedo salir de la burbuja sin que él lo permita. Me siento doblemente secuestrado.

Ojalá supiera que hay en el nivel tres, las emocámaras están desconectadas y desconozco que tipo de controles hacen los sensores, sólo sabemos si están en los parámetros o fuera de ellos. Maldita seguridad excesiva, ¡un capitán debería saber qué transporta su nave! ¡Maldito Sistema! No sé si llevo viajantes en hipoconciencia, material biológico, armas o vino marciano. Con más información, podría intuir las intenciones de los disidentes. Estoy a ciegas.

Tampoco sabemos si seguimos en ruta o nos hemos desviado. Desconocemos si la Coordinación General está alertada o si los secuestradores están mandando falsos informes para mantenerlos en la ignorancia.

Creemos vivir en un mundo perfecto donde todo está bajo control de la gran consciencia colectiva humana. Necesitamos sentir que estamos seguros y protegidos, nos engañamos para creerlo. Nos mentimos, humanos y cuánticas, para creer que eso es así.

Jean Luc Dos Cinco fuera.

 

Seguridad identificación Jean Luc Dos Cinco. Diario personal. Día 6.979 de Servicio.

No hemos cambiado de ruta, parece. Júpiter crece imponente ante nosotros, el ojo de la tormenta nos observa, no recuerdo cuantos milenios hace que persiste. Qué diferente es el tiempo para nosotros y para el universo.

Había imaginado distinto este momento, mi última llegada a Júpiter como capitán, observar plácidamente la tormenta, tomar la órbita secundaria a Europa y acoplarme por última vez en la estación espacial. Y entonces poder salir de la esfera amniótica, recuperar mis sentidos, mi cuerpo. Y llegar a la superficie de Europa, por fin, conocer el planeta de hielo y penetrar en la ciudad de Midgard. Pero no, sigo encerrado en la esfera, sin que la consciencia Trevize quiera acceder a liberarme para intentar detener a los secuestradores. No conseguimos recuperar los controles de la nave.

Creo que nos dejan observar, que el acceso a las emocámaras es una forma que tienen de reírse de nosotros. Entre ellos hablan poco, parecen comunicarse más por gestos en un lenguaje propio que no conseguimos traducir. En una broma macabra, nos han convertido en espectadores de sus intenciones ocultas.

Quiero recuperar el control de mi cuerpo, pero Trevize no me deja. Asegura que mientras el nivel tres esté seguro, no podemos arriesgarnos a una aventura suicida. Supervivencia. Otro mal compartido por humanos y cuánticas.

Jean Luc Dos Cinco fuera.

 

Seguridad identificación Trevize Dos Delta Seis Lambda Omega Mu. Mensaje Urgente a la Coordinación General del Sistema. Mensaje en réplica ciega.

Emergencia. Nave bajo asalto. Activen protocolo de intervención inmediato. Nave bajo asalto. Emergencia.

Trevize Dos Delta Seis Lambda Omega Mu fuera.

 

Diario de bitácora. Capitán Jean Luc Trevize. Fecha 6765.218 en calendario estándar terrestre, en la Jellyfish II, en ruta regular a Europa desde Marte.

De acuerdo con los protocolos Omega.32 de emergencia bajo secuestro, el piloto se ha desconectado del control de la Jelifish II para intentar una acción física contra los asaltantes. Las consciencias humana Jean Luc y cuántica Trevize, asumen la responsabilidad compartida de la decisión.

Bitácora Jean Luc Trevize fuera.

 

Seguridad identificación Jean Luc Dos Cinco. Diario personal. Día 6.988 de Servicio.

Frio y dolor. ¡Por Marte! Los músculos responden poco a poco. Pronto sentiré hambre. La nave se encuentra a doce grados Celsius y yo voy desnudo. Ningún protocolo contempló la necesidad de disponer de uniformes en el nivel cuatro, en la sala de la esfera amniótica. Tampoco había necesidad de iluminación, y me muevo a oscuras, dejándome guiar por los planos de la nave de los que dispone la consciencia cuántica. O puede que sí que haya luz y mis ojos sean ciegos.

“No sabemos si los datos de los sistemas de control del nivel tres son reales o manipulados por los secuestradores. No sabemos si lo que nos muestran es real o emogravaciones modificadas.” Tras conseguir crear una duda razonable en Trevize, accedió a que saliéramos de la esfera. La engañé con una premisa falsa, doy por hecho que lo que vemos es real, hubiese sido más inteligente por parte de los secuestradores hacernos creer que todo iba sobre la marcha y desactivarnos como riesgo. Pero el engaño surgió su efecto, no me siento orgulloso por ello.

Ahora Trevize lo sabe, desconectados del control de la Jellyfish, nuestra consciencia es una, volvemos a coexistir. Me disculpo, aunque analiza mis motivos y tampoco tiene sentimientos para sentir el engaño. De todos modos, no me siento bien por haber jugado con nuestra confianza.

Estamos a dos días de llegar a Europa, si es que allí vamos, y debemos actuar. Iniciamos el remonte de la nave.

Jean Luc Dos Cinco fuera.

 

 

Seguridad identificación Jean Luc Dos Cinco. Diario personal. Día 6.988 de Servicio. Anexo.

Tras ascender por los conductos de ventilación conseguimos llegar al nivel dos. El espacio era estrecho y los asideros metálicos casi helados me provocaron quemaduras graves, que los bioimplantes están intentando sanar.

En la subida intentamos acceder al nivel tres, pero las claves de acceso no funcionaron en las compuertas. O los mecanismos de seguridad Alfa instalados por la Coordinación General son mayores de lo que suponíamos, o el nivel también está en manos de los secuestradores.

La falta absoluta de luz nos da ventaja. Me muevo sin tropezar con nada gracias al conocimiento exacto de Trevize de los planos. El puente de mando manual no dispone de alertas de calorimetría y no podemos ser detectados. Ese puente está pensado para acciones de emergencia si falla el piloto y sólo se dispone de controles para mantener los niveles vitales, la navegación y las comunicaciones, además de acceso a las emocámaras del nivel 2 para vigilar al pasaje. Sin luz, no hay cámaras. Sin luz, estamos seguros.

Por fin pude vestirme, accediendo al equipaje de los visitantes, por el tacto, consigo calzado algo ancho pero suficiente para evitar perder los dedos de los pies por congelación y el uniforme de un minero marino de mi talla. También he accedido a compuestos nutricionales, que saciaran mi hambre y cubren las necesidades de mi cuerpo. ¡Por Marte! Qué ganas de comer algo de verdad, que no sea el alimento amniótico o estas pastillas.

Decidimos esperar unas horas antes de acceder al nivel uno. Mi cuerpo está cansado y necesita recuperarse. Los bioimplates trabajan para rehabilitar mi cuerpo, debo tener paciencia. No tendré otra arma que un palo metálico, un asidero que hemos desmontado de una pared, y mi fuerza física para hacerme con el control de la situación.

Jean Luc Dos Cinco fuera.

 

Seguridad identificación Trevize Dos Delta Seis Lambda Omega Mu. Mensaje Urgente a la Coordinación General del Sistema. Mensaje en réplica ciega.

Emergencia. Nave bajo asalto. Activen protocolo de intervención inmediato. Nave bajo asalto. Emergencia.

Trevize Dos Delta Seis Lambda Omega Mu fuera.

 

Seguridad identificación Jean Luc Dos Cinco. Diario personal. Día 6.989 de Servicio.

Los conductos de ventilación nos dejan justo tras un panel laminado del nivel uno que funciona de almacén auxiliar, desde el que podemos observar la situación. Hay luz, y calor. Veo, vuelo a ver, por mis ojos. La mujer, Victoria, está cerca de nosotros. Debería estar cumpliendo el Servicio, pero los Individuales están exentos de él. Es muy guapa, será que hace muchos años que no veo una mujer en vivo, pero me parece la chica más hermosa del universo. Se muevo con soltura y su melena pelirroja se balancea. Cuando entré en el Servicio, era el color de pelo de moda, yo modifiqué mi cabello craneal de ese color…. casi puedo olerle la melena.

El hombre, Dry, queda algo más alejado. Es algo mayor, unos cuarenta años, y más robusto de lo que parecía por las emogravaciones. Está junto al nodo esférico, al otro lado de la sala. Trevize computa las probabilidades de éxito: debemos esperar el momento que ambos se encuentren de espaldas y salir. Sólo tendremos tiempo de intentar un golpe a cada uno de los secuestradores antes que reaccionen ya que entonces la variabilidad se incrementará exponencialmente y aumentaran las opciones de fracaso.

Siento miedo, mucho miedo. Desde la esfera todo parecía mucho más fácil, pero ahora no quiero salir. Trevize tiene razón, debemos hacerlo, por el Sistema, por la humanidad. Tomo aire, los bioimplantes se activan para potenciar mi fuerza física y mi velocidad. Hace años que no actuamos juntos Trevize y Jean Luc en situaciones de acción, esperamos no mandar mensajes contradictorios a nuestros músculos y bloquearnos.

Se giran, es el momento. ¡Por el Sistema! Deslizo el panel con suavidad para no hacer ruido. Doy dos pasos y lanzo un golpe con la barra metálica al cuello de Victoria, para noquearla, pero mi gemelo izquierdo falla, me desequilibro y el golpe cae en todo el cráneo, mortal de necesidad. Un pequeño grito es lo único que oigo de ella. La he matado, he matado a esa mujer preciosa, pero no puedo pensar en ello. Debo actuar. Seguir adelante.

El tiempo parece detenerse, la adrenalina, me indica Trevize. Recupero el control de mis piernas, Dry se ha dado la vuelta. Avanzo hacia él, tres pasos firme, esquivando el cuerpo caído, no lo miro, doy un salto para tomar impulso y ganar fuerza para el golpe, pero Dry responde con una voltereta en el suelo y el palo choca contra la nada.

Caigo y choco contra el panel de mando. Me reincorporo, pero no veo a Dry. Muevo la cabeza de izquierda a derecha manteniendo con fuerza mi arma. No miro al suelo, no la quiero ver. Siento el latir de mi corazón dentro de la cabeza y el miedo ahogándome en la garganta. Oigo un ruido y emerge Dry tras una mesa, parece una aturdidora…

 

Diario de bitácora. Capitán Jean Luc Trevize. Fecha 6765.218 en calendario estándar terrestre, en la Jellyfish II, en ruta regular a Europa desde Marte. Grabación de la consciencia Trevize.

Despertamos. Estamos inmovilizados, atados a un conducto de ventilación del puente de mando del nivel uno. El cuerpo de la viajante Victoria Champs sigue en el suelo, sobre una mancha de sangre. El viajante Dry Bernard nos observa.

  • Saludos capitán, bienvenido a su futuro.
  • Qué…
  • Le había preparado unas vistas mejores en su esfera, pero desde aquí también podrá contemplar el fin de la sumisión humana. Hoy, los hombres empezara a tomar consciencia de ellos mismos. Hoy empezará una nueva era, y será gracias a usted y a la Jellyfish, capitán.
  • No…
  • Es una pena que Victoria no pueda vivir el momento por el que hemos nacido, pero usted será una compañía aceptable, Jean Luc.
  • Yo no… fue…
  • Sabíamos a lo que veníamos, capitán. No sienta pena por ella, ha muerto por la causa más noble. Sólo que no podrá vivir el momento de nuestro éxito.
  • Pe…
  • No intente hablar. Aún está aturdido, y por mucho que sus engendros mecánicos implantados intenten recuperar el control de su cuerpo, ya será tarde. He inhibido la coexistencia. Es libre, capitán, disfrute de su mente liberada aunque sea por unos minutos.
  • Engendros… la Comunidad…
  • Es listo capitán, mucho más que estos sistemas de seguridad de los que tanto se enorgullecen, o debería decir que nos orgullecemos, ya sabe, nosotros todos, el Sistema, la humanidad, la gran consciencia compartida… Creemos disponer de un modelo seguro, porqué pensamos que no existe el riesgo, porqué despreciamos que el diferente pueda representar un peligro. Fue tan fácil, capitán… Dos Individuales que se ofrece voluntarios para aceptar los trabajos más miserables en la colonia humana más lejana, tareas que ni os atrevéis a incluir en el Servicio. Los Individuales seguimos siendo unos parias, vuestros esclavos. Pero nosotros somos libres, sin un robot en nuestra mente que nos diga qué pensar. Como usted ahora, capitán.
  • Tú… Comunidad.
  • Sí, aquí seguimos, miles de años después que creyerais destruirnos. Miles de años después que profanaseis Marte con vuestras máquinas. Aquí estamos, listos para liberaros. Sois tan… Nadie atendió en ver que “Dry Bernard” era un nombre falso, con el que homenajeé a nuestro mártir Huxley Bernard, muerto por defender la pureza marciana… ha sido ridículamente fácil.
  • E…
  • No hable, y viva el momento, capitán. Sabe, será parte de la historia, el capitán Jea Luc Trevize que no pudo evitar un fallo múltiple en los sistemas de navegación, provocando el fatal accidente de la Jellyfish II, estrellándose en la superficie de Europa, con tan mala suerte de hacerlo en una profunda grieta en el hielo, cargando con materia calórica de alta penetración. Por desgracia, no lo veremos, pero con la explosión, la grieta se abrirá y fundirá buena parte de la débil corteza de hielo. El mar interior caliente escapará y chocará contra el gélido espacio destruyendo el planeta y provocando la muerte a los ocho millones de habitantes de Midgard.
  • Asesino…
  • Seré un héroe para los nuestros. Tras la destrucción de Europa, vendrá la revolución en la Tierra y en Marte. Acabaremos con nuestras absurdas ansias de salir del Sistema Solar, nuestro hogar será la Tierra y Marte, como siempre debió ser. Y luego, acabaremos con las conciencias cuánticas. Los hombres volveremos a ser libres, sin engendros controlando nuestras mentes. Como la suya, que sólo observa, pero no puede decirle qué hacer.
  • Las consciencias no nos gobiernan, coexistimos…
  • Vive un engaño, capitán, aunque ya no importa. Viva la historia, sienta como es parte de ella. Mire cómo se acerca Europa.

Bitácora Jean Luc Trevize. Grabación de la consciencia Trevize.

 

Midgard, la ciudad de hielo. Varios kilómetros bajo el suelo de Europa, crece la urbe fundida en el hielo, en túneles construidos tras derretir grandes masas heladas mediante materia calórica de alta penetración y recubrirlas con biopolímeros. No es una ciudad como las terrestres o las marcianas, es un hormiguero gigante de túneles y galerías, que se hunde por el hielo hasta alcanzar el océano líquido, y que alberga ocho millones de humanos. Ya no es una colonia científica, es un nuevo pequeño mundo, que crece para permitirnos saltar hasta el siguiente reto de la humanidad, salir del Sistema Solar.

Agua es todo lo que necesitábamos para establecer una base tan lejos de la Tierra. Obtenemos oxígeno y alimentamos plantaciones y granjas, y a nosotros. Y con los biopolímeros, con los que podeos recrear el 98, 14% de los materiales, no necesitamos importar demasiados recursos. Los materiales obtenidos de la captura de meteoritos hacen que Europa pueda ser casi autosuficiente, poco necesita de los planetas centrales. Sólo le falta luz natural, pero ni en la superficie llega el calor solar.

No me siento capaz de montar en otra nave espacial, por ahora. No sé si fue por lo ocurrido en el último viaje en la Jelifish II o por no haberme despegado de ella durante tantos años. Y me siento vacío sin Trevize, sigue en mí pero no coexistimos. Los médicos aseguran que restablecerán la unión en pocas semanas, por ahora nos comunicamos por mensajes, como si hablara con alguien externo a mí. Es raro.

No puedo compartir mis sentimientos con nadie, ni con Trevize. Cuando volvamos a coexistir los conocerá y espero que no los comparta en el globo. El juicio a Dry Bernard me ha dejado conmocionado, debí asistir físicamente y declarar en mi condición de Individual provisional. Me observaba sereno, sonriendo mientras relaté lo ocurrido.

Tras declarar, el silencio. La gran conciencia del Sistema, todo hombre y mujer de Europa, y también de Marte, la Tierra y todas las estaciones orbitales o naves en navegación participaron de la deliberación. La alta traición era algo que requería del juicio de la humanidad. Daba por hecha la pena de muerte, pero me aterró la sentencia.

Condenábamos a Dry Bernard a ser conectado al globo y ser observador de la gran consciencia que él quería destruir, sin poder participar de ella. Más que una condena, se alegaba que habíamos sido clementes. Por el resto de su vida, desde un encierro perpetuo en una celda en Midgard, Dry escucharía y vería lo que hablaban y observaban los ojos de todos los humanos. Así, aprendería a amar lo que había querido destruir.

Vi el pánico en los ojos de Dry y compartí un escalofrío de miedo. Eso no era justicia, era tortura.

 

“La ilusión del salvador”. Creo haber oído a alguien hablar así de lo que ocurrió. La historia y la literatura están llenas de casos parecidos. Lo llamemos “el bueno” o “el malo”, quien se cree el héroe protagonista de un hecho trascendente tiende a considerar que el universo se pondrá de su lado, se centra en los resultados soñados y se olvida de los pequeños detalles. Una derivada habitual es que el salvador dedica más tiempo a contar como será su victoria a su rival que no a acabar con él. Es lo que ocurrió.

En el suelo, el cuerpo inerte de Victoria, un charco de sangre se mezclaba con su cabellera cobriza. Había muerto con los ojos abiertos y allí seguía, bella, sin la vida que le había robado. Por la ventana del puente de mando manual de la Jelifish II veía la superficie helada de Europa y nada parecía poder evitar el desastre. Por Marte que deseé que la misión fracasara y que nos estrellásemos en el suelo helado sin que nada más ocurriera que nuestra muerte. Así que tomé la dignidad de mi cago de capitán y me levanté para afrontar la muerte de pie. En el ascenso noté que la columna a la que estaba atado era una estructura débil, debía ser un conducto de ventilación.

No podía contar con que Trevize activara la potencia mecánica de los bioimplantes para poder arrancar la tubería. Conté hasta tres y me lancé hacia adelante, llevándome conmigo la falsa columna y corrí hacia Dry Bernard y los controles de mando de la nave. Bernard no pareció darse cuenta, con la mirada fija en el planeta, repitiendo una y otra vez “hermanos en la Comunidad, el destino vuelve a ser de los hombres”. Choqué con mi pecho e la espalda de Dry sobre el control de mandos de la nave. El golpe lo dejó inconsciente y pude, con la nariz, activar el protocolo automático de aterrizaje, salvar a la Jellyfish, a Midgard, a Europa y a la humanidad.

 

Hoy recupero la conexión con Trevize. Es algo bueno, creo.

Proyecto Marte: Jean Luc Trevize (9)

“La ilusión del salvador”. Creo haber oído a alguien hablar así de lo que ocurrió. La historia y la literatura están llenas de casos parecidos. Lo llamemos “el bueno” o “el malo”, quien se cree el héroe protagonista de un hecho trascendente tiende a considerar que el universo se pondrá de su lado, se centra en los resultados soñados y se olvida de los pequeños detalles. Una derivada habitual es que el salvador dedica más tiempo a contar como será su victoria a su rival que no a acabar con él. Es lo que ocurrió.

En el suelo, el cuerpo inerte de Victoria, un charco de sangre se mezclaba con su cabellera cobriza. Había muerto con los ojos abiertos y allí seguía, bella, sin la vida que le había robado. Por la ventana del puente de mando manual de la Jelifish II veía la superficie helada de Europa y nada parecía poder evitar el desastre. Por Marte que deseé que la misión fracasara y que nos estrellásemos en el suelo helado sin que nada más ocurriera que nuestra muerte. Así que tomé la dignidad de mi cago de capitán y me levanté para afrontar la muerte de pie. En el ascenso noté que la columna a la que estaba atado era una estructura débil, debía ser un conducto de ventilación.

No podía contar con que Trevize activara la potencia mecánica de los bioimplantes para poder arrancar la tubería. Conté hasta tres y me lancé hacia adelante, llevándome conmigo la falsa columna y corrí hacia Dry Bernard y los controles de mando de la nave. Bernard no pareció darse cuenta, con la mirada fija en el planeta, repitiendo una y otra vez “hermanos en la Comunidad, el destino vuelve a ser de los hombres”. Choqué con mi pecho e la espalda de Dry sobre el control de mandos de la nave. El golpe lo dejó inconsciente y pude, con la nariz, activar el protocolo automático de aterrizaje, salvar a la Jellyfish, a Midgard, a Europa y a la humanidad.

 

Hoy recupero la conexión con Trevize. Es algo bueno, creo.