11 cosas que aprendes cuando acabas tu primera novela

Lo fácil es escribir la primera versión de tu novela. Te lo pasas bien, te emocionas, ríes y lloras, disfrutas como un enano escribiendo sin parar. Y te sientes el rey del mundo cuando le pones el “Fin”.

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1. El trabajo empieza después.

Pero no nos engañemos, el trabajo de verdad empieza después, con las revisiones. Cuando te relees y te das cuenta que tu obra maravillosa está plagada de incoherencias y errores tremendos. Es bazofia.

2. Destruye tu obra.

No té de miedo borrar capítulos enteros, hacer desaparecer personajes, o meter de nuevos. La primera versión no era más de un espejismo, reescribe la novela. Es duro, pero aquí es cuando demostrarás que eres un escritor de verdad, no un simple aficionado.

3. Ponle música.

Revisa capítulo a capítulo, párrafo a párrafo, frase a frase, palabra a palabra. Todo tiene que tener un porqué y un sentido. Tiene que sonar bien y ser fluido en la lectura.
Consejo: lee en voz alta, si te encallas es que algo falla.

4. Corrige hasta morir.

No soy muy partidario de corregir errores ortográficos en las primeras versiones. Pero cuando la obra cobra cuerpo, es momento de pulir todos los detalles ortotipográficos. Usa de forma correcta las mayúsculas, las comillas, los guiones…

5. Para de corregir.

Vale, la obra nunca será perfecta, pero en algún momento tenemos que poner el freno y dejar el boli rojo. Márcate una fecha límite, un número de revisiones máximas.

6. Deja que te lean.

En algún momento, a partir de la segunda o tercera versión, comparte tu obra con lectores cero. Tu pareja, tu madre, tu mejor amigo… Y algún colega que tenga algo de criterio literario y que sepa de lo que escribes. Déjales que te critiquen la obra. No les recrimines sus comentarios, ni intentes convencerlos. Aprende de sus sensaciones al leerte y luego aplica lo que te salga en gana.

7. Confía en profesionales.

En la medida que tu economía te lo permita, contrata servicios profesionales. Yo recomiendo siempre un corrector profesional. Aunque mandes tu obra a una editorial, es bueno transmitir la sensación que eres alguien serio. Si quieres autoeditarte, saca la pasta de donde sea.
También hay servicios profesionales de informes de lectura, servicios editoriales… todo depende de tus objetivos y presupuesto.

8. Si vas a por una editorial…

No vayas a lo loco, investiga qué publican y qué quieren. Sigue la pista a sus editores, twitter ayuda mucho. Y presenta tu original de forma decente, encontrarás muchos tutoriales de cómo presentar una obra a una editorial.

9. Si te autoeditas…

Conoce las herramientas y vigila quien te quiere vender gato por liebre con los servicios editoriales. Cúrrate una buena portada, contrata a alguien si es preciso. Trabaja un buen resumen. Investiga dónde y cómo publicar tu obra (lektu, amazon…). Incluso investiga el crowdfunding (verkami) y pequeñas distribuidoras.

10. Comunica sin parar.

Nadie sabe que existes, nadie sabe quién eres, nadie te conoce. Las redes sociales te ayudaran a conocer gente, a darte a conocer. Pero no seas uno de esos pesados que solo habla de su libro. Además de las redes genéricas, twitter o facebook, piensa en goodreads y en el potencial que pueden tener pinterest o instagram.

11. Y no te rindas.

La versión final de tu novela da mil vueltas al bodrio de la primera versión. Puedes sentirte orgulloso del trabajo que has hecho. Pero tu primera novela solo será tu mejor novela si dejas de escribir. Querer ser escritor profesional, aunque no vivas de ello, es cansado, pero nadie dijo que fuera fácil. Sigue escribiendo, no pares. Sigue sacando todo lo que te quema por dentro.

Si escribes, no leas

Hace años oí a Rosana, la cantante, decir que no escuchaba música para evitar el exceso de influencia de otros autores en sus composiciones. Quería evitar componer versos ya cantados por otros. Puede que la anécdota no sea exacta y algo exagerada, pero bueno, me sirve.

El Marciano
El Marciano

Hace tiempo que me hablan de El Marciano de Andy Weir, lo he tenido en las manos varias veces, pero lo he devuelto al estante de la librería en varias ocasiones. También me apetece releer algo de los robots de Asimov, pero no lo hago. Soy incapaz de desligarme de la influencia de lo que estoy leyendo en mi obra. Así que hasta que no haya finiquitado el Proyecto Marte me he prohibido leer cifi, y menos un libro que transcurre en el planeta rojo.

Una de esas reglas que todo escritor debe cumplir es la de leer, tanto o más que escribir. Para aprender de los buenos textos y de los malos. Conocer nuevos enfoques, maneras de plantear las tramas o desarrollar los personajes, por ejemplo, de los buenos. O cómo no hacerlo, de los malos.

Leo menos de lo que me gustaría, también escribo menos de lo que quisiera. Pero ahora, mientras tengo un proyecto de ciencia ficción y otro fantástico sobre la mesa, intento no leer mucho del género. Quiero que mis tramas crezcan solas, y que las influencias sean más difusas. Leo otros géneros, novela negra, histórica… Sigo explorando el filón Joel Dicker.

Si escribes, no leas sobre lo que escribes, corres el riesgo de perder tu voz, tu identidad, tu perspectiva. Si escribes, lee sobre lo que no escribas.

(Se entiende que aquí no hablo de la documentación para construir tu obra).

Quien dice leer dice ver pelis o series… Ya, es duro, y a veces también peco. Me falta fuerza de voluntad.

Yo soy Dios

El avaro y el tiempo es uno de los cuentos que he escrito que más me gusta, y uno de los más raros e incomprendidos. Puede que se merezca una reescritura, y el proyecto está pendiente. En el relato desarrollo mi visión de los viajes en el tiempo.

Esta infografía plantea tres modelos de lo qué puede ocurrir si viajas en el tiempo. Yo soy de la primera columna, la línea fija.

3 teorias de viaje en el tiempo
3 teorias de viaje en el tiempo

Las líneas temporales paralelas me estresan y me dan rabia. Porqué resulta que en un universo paralelo hay un LJ que es famoso y vive de lo que escribe, y yo mientras en esta línea temporal.

La línea de tiempo dinámica lleva a paradojas que te deja en tablas, en un interminable día de la marmota en el que no eres consciente que vives. O un “vete al pasado pero no cambies nada” me atrae poco.

La línea fija me gusta por la irremediabilidad de los hechos. Poner a mis personajes ante retos imposibles me alienta. Dejarlos sin la opción de manipular la prueba del Kobayashi Maru: moriréis en el ejercicio. Aunque bueno, tus personajes no son omniscientes, ellos lucharan para evitar ese futuro que han conocido y no sabe que fracasaran en su intento.

No soy tan malo, en el fracaso de mis personajes radica su éxito futuro (su felicidad) y el ser quien son (su trayecto vital). Yo soy Dios, yo dibujo un futuro para mis personajes, ellos intentan cambiarlo. Si el futuro es distinto no es por su lucha, es por el mi deseo.

Después de endiosarme un rato…

Cuando escribes ciencia ficción o fantasía, cuando decides ir más allá de lo que se plantea como “real” ahora, tienes que tomar partido en cosas así: si pones a tus personajes a viajar por el tiempo, debes decidir cómo sus actos afectaran su realidad. Igual que decides cómo será su sociedad, o cómo será el desarrollo tecnológico.

Me gusta repetirlo, crea mundos coherentes. Si optas por líneas temporales fijas, no plantees paradojas propias de las dinámicas, porqué a tu lector le caerá el libro de las manos si percibe incoherencias. Cuando tus universos dejen de ser verosímiles, no importa lo bueno que seas narrando, perderás interés.

Vale, seré menos radical. No hay que ser perfecto en la coherencia, a veces somos incapaces de conseguirlo, se nos escapan detallitos. Incluso le pasa a JKR:

 

Ese extraño problema con los lunes, o la dura vida del escritor a tiempo parcial

Quería hacer este post hace una semana, para celebrar el dichoso Blue Monday, pero Sofia se me avanzó con un magnífico artículo, Monday blues, así que lo aparqué unos días.

 

Pues a mí los lunes me gustan.

Puede que así no me trabaje una imagen de escritor bohemio o aventurero, pero necesito cierto orden y hábitos: unos horarios, unas costumbres (algún debería contaros la de crisis raras que me entran en vacaciones). Y el lunes tiene eso, es la vuelta a la regularidad, a cierta previsibilidad cómoda. Ya se sabe que en jueves todo puede ocurrir*, pero no en lunes.

El lunes es ese día que vuelves al gimnasio después de la vagancia y los excesos del fin de semana. Y te apetece hacerlo. Te cuestan especialmente los abdominales y sientes que la pizza que no debiste comerte el sábado está allí, haciéndote sufrir. Pero llegas al final de la rutina convencido que las agujetas mañana serán agradables. “Agujetas agradables”, estoy muy mal.

El lunes es ese día que vuelve a faltarte tiempo para hacer lo que quieres, y te reafirmas en tus buenos propósitos. Sabes que no podrás escribir nada más que este post. Y te prometes que el fin de semana te levantarás pronto y dedicarás todas las horas posibles a escribir.

Pero el viernes noche, que es cruel, te hace trasnochar y el sábado se hace complicado, más cuando acabas de rebajas en un centro comercial. Y el domingo amanece con matinal de cine, como me reí con Big Hero 6 (¿quien me regala un Baymax?), y el sofá te seduce con V de Vendetta y El Legado de Bourne.

Baymax & Hiro, Big Hero 6
Baymax & Hiro, Big Hero 6

 

Dice King que hay que escribir cada día, para no perder el pulso de la narración. Pero para eso debería dejar el gimnasio, o el trabajo, o las tareas domésticas, o dormir. Y uno llega a donde llega. El próximo fin de semana prometo escribir mucho, aunque el domingo por la tarde ya me estén tentando para ir a una fiesta avanzada de carnaval.

 

*Premio al primero que encuentre la referencia, y la comparta en twitter.