Héroes

Usamos el concepto héroe con mucha facilidad. Y no hablaré de los héroes semidioses de la mitología clásica, ni de los superhéroes de cómic.
Llamamos héroe a quien supera una enfermedad, yo lo llamaría superviviente. Llamamos héroes a quien sobrevive o mueren en momentos terribles, yo los llamaría víctimas. Llamamos héroes a gente que lo que hace es sobrevivir en condiciones adversas, yo lo llamaría luchador.
Para mí un héroe es Ignacio Echeverría, quien pudiendo escapar y recordar el momento como el mayor susto de su vida, corrió hacia uno de los terroristas que el pasado sábado atacó en Londres, patinete en mano, para intentar ayudar a un desconocido. Ignacio murió salvando un desconocido, eso es un héroe. Como lo son Kirsty Boden o Sara Zelenak, ambas australianas, que también murieron el sábado intentando auxiliar a las personas que habían sido atacadas.
Mi más humilde y sincero respeto hacia ellos tres. Mis mas sinceras condolencias a sus familias.

Somos una especie despreciable

El escritor llega al Medusa poco después de las diez. Ocupa su mesa al lado del piano, junto del ventanal, dejando el mar como espectador de sus tecleos, que hoy está enfadado, se queja y rompe contra la playa y los arrecifes.

Han dejado las decoraciones navideñas, unas ramas secas envueltas con lucecitas blancas. Àngels le cuenta que se quedaran ya todo el año, la verdad es que quedan bien. El escritor hace tiempo que no ha podido escaparse un fin de semana para escribir, fiestas mediante, y este quiere aprovechar. No tiene que pedirle a Àngels la miel para el café, y le tuesta el bocadillo de jamón york a la plancha. Como dice el tópico, hogar es donde te sientes como en casa. Suena la música perdida de Mónica Molina.

 

Habíamos creído que la conectividad nos haría iguales para bien. Disponer de voz propia en las redes sociales, acceder a información directa sin mediar… Pensábamos que haría ciudadanos libres, informados y preparados para reivindicar sus derechos, movilizarse y construir una sociedad mejor.

Pero la voz propia la usamos para decir memeces o para que pensar que nuestro “y creo que” está por encima del criterio de profesionales o estudiosos. Cuñadismo, se ha venido a llamar. Pero es más grave que un mero chiste en twitter. Nos hemos cerrado a conocer, a entender, a aprender, tomamos nuestra cuenta en redes como si fuera una cátedra universitaria. Claro que tenemos derecho a tener una opinión propia, ¿pero en base a qué la tenemos?, hemos olvidado la razón crítica por el querer tener razón y el criticar por criticar.

Recuerdo un montaje fotográfico: unos tiburones en el metro neoyorkino tras unas inundaciones. Coló como verdad. Y así tantas fotos, así tantas noticias falsas que creemos ciertas. Lo superficial es matar durante horas a famosos en twitter, lo profundo es que no nos preguntamos si lo que vemos o leemos es cierto. Sólo lo creemos. Cuñadismo compartiendo noticias absurdas sobre tal o cual enfermedad en Facebook. Y no hablemos de la homeopatía, no hablemos.

Diréis que antes la opinión existente era la que marcaban los medios de comunicación masivos y sus intereses empresariales. Antes sólo había una fuente de información y nos decían qué saber o qué pensar. Mi queja es que no hemos usado estas herramientas para construir algo mejor, sino para creernos mejores al resto. El exponente, los youtubers despreciables: los que insultan gente por la calle, los que dan de comer galletas con dentífrico a indigentes. Lo grave es que lo hacen y no se arrepienten. Lo grave es que la gente ve sus vídeos y justifica como humillan a débiles o desprevenidos. Lo grave es que ganan dinero con ello, los youtubers y Youtube.

Somos una especie despreciable.

 

El escritor publica su texto en su blog, qué tenía algo abandonado. Cuando creó su identidad digital se prometió no meterse en temas políticos o conflictivos, hablaría de libros, literatura y máximo se quejaría del declive de lectores. Pero eso fue antes de darse cuenta que las identidades digitales dejaban florecer lo más despreciable de la humanidad. El escritor rebañó la taza de café buscando las últimas gotas de miel, mientras soñaba utopías robóticas.

L'Escala in LOve

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un cálido escalofrío: MJ

Clica aquí para leer la versión  en catalán.

Nochebuena de 2016, para MJ

 

—Porque si no, no me lo explico. Porque lo que me pasa con este piso no puede ser otra cosa que alguien muriera aquí y…

Jordi deja de escuchar a María José y suelta una carcajada. Le hace gracia esta visión trascendente que tiene de la vida cotidiana. Eso le hizo enamorarse.

—Yo creo que debe ser eso. Es que si no, no lo entiendo: un fantasma o un elfo doméstico que me esconde las llaves con el llavero de unicornio.

Jordi sonríe desde el recibidor mientras María José pasea arriba y abajo, levanta almohadas y revuelve cajones. Él la llama por el nombre entero, aunque ella insiste en que le digan MJ, que María José suena a señora mayor.

La lavadora la había estropeado un espectro al que no dejaba descansar el ruido de la centrifugación. Las manchas de humedad en el techo tenían que ser algún mensaje cifrado del más allá —incluso intentó encontrar el significado en Google. Que no le suba el bizcocho de yogur como a su madre solo puede ser debido a algún maleficio.

Jordi le intenta explicar que las llaves con el llavero de unicornio están en la chaqueta que llevaba ayer, que sigue estrujada en el mármol de la cocina, donde la dejó cuando llegó con alguna copa de más de la cena de empresa. Que la lavadora es vieja y no ayuda a conservarla que no vacíe los bolsillos y las monedas se cuelen dentro del bombo. Que las humedades vienen del día que el vecino de arriba llenó la bañera y se durmió mirando baloncesto en la tele. Y que confunde la levadura en polvo con gelatina.

Pero ella no le escucha. Sigue buscando las llaves con el llavero de unicornio. Mientras tanto, él la seguirá observando. No tiene prisa por irse al otro lado.

 

 

Ilustración: Ariadna Sanz. Este cuento formará parte de un cálido escalofrío: dietario, que publicará el astronauta imposible en 2017.

un càlid calfred: MJ

Clica aquí per llegir la versió en castellà.

Nit de Nadal de 2016, per la MJ

 

—Perquè si no, no m’ho explico. Perquè el que em passa amb aquest pis no pot ser altra cosa que algú va morir aquí i…

En Jordi deixa d’escoltar la Maria Josep i fa una riallada. Li fa gràcia aquesta visió transcendent que té de la vida quotidiana. Això el va fer enamorar.

—Jo crec que ha de ser això. És que si no, no ho entenc: un fantasma o un elf domèstic que m’amaga les claus amb el clauer d’unicorn.

En Jordi somriu des del rebedor mentre la Maria Josep passeja amunt i avall, aixeca coixins i remena calaixos. Ell li diu pel nom sencer, tot i que ella insisteix que li diguin MJ, que Maria Josep fa de senyora gran.

La rentadora l’havia espatllada un espectre al qual no deixa descansar el soroll de la centrifugació. Les taques d’humitat al sostre han de ser algun missatge xifrat del més enllà —fins i tot ha intentat trobar-ne a Google el significat. Que no li pugi la coca de iogurt com a la seva mare ha de ser a causa d’algun malefici.

En Jordi li intenta explicar que les claus amb el clauer d’unicorn són a la jaqueta que portava ahir, que segueix rebregada a l’amanidor de la cuina, on la va deixar quan va arribar amb alguna copa de més del sopar d’empresa. Que la rentadora és vella i no ajuda a conservar-la que no buidi les butxaques i les monedes s’escolin dins del bombo. Que les humitats vénen del dia que el veí de dalt va omplir la banyera i es va adormir mirant bàsquet a la tele. I que confon el llevat en pols amb gelatina.

Però ella no l’escolta. Continua buscant les claus amb el clauer d’unicorn. Mentrestant, ell la seguirà observant. No té pressa per marxar a l’altre costat.

 

Il·lustració: Ariadna Sanz. Aquest conte formarà part de un càlid calfred:dietari, que publicarà el astronauta imposible el 2017.

Una mañana cualquiera

Empezó una mañana cualquiera, cuando se quedó sola en casa. Era probable que hubiese discutido con alguna de sus dos hijas o con su marido: poco importa. Llenó un vasito con el coñac de guisar y se lo bebió.

Algún mediodía mientras cocinaba se tomaba un culín. Algunas tardes mientras veía el culebrón vaciaba una copita de manzanilla. No pasó mucho tiempo hasta que el ceremonial se hizo diario: algún enfado que lo justificaba.

No sé quiso dar cuenta de ello cuando no pudo flambear los champiñones por qué no quedaba oloroso. En la lista de la compra anotó otra botella de fino y una de coñac. Flambeó los champiñones con whisky.

Pronto las botellas estuvieron en la lista de la compra semanal. Llenaba vasitos y no se justificaba en las niñas que no ayudaban en las tareas o en su marido que no sabía imponerse: «Déjalas que son jóvenes» acostumbraba a decir.

Le cambió el humor y se distraía a menudo. En casa se quejaban que la comida no estaba lista a tiempo: «trabajo muchas horas y solo pido llegar y encontrar el plato en la mesa»; o que la ropa no estaba limpia y planchada: «te dije ayer que necesitaba la falda, te pasas el día con la tele y te olvidas que tienes una familia».

La mandaron al médico, no estaba por lo que tenía que estar. Una rápida consulta sirvió para diagnosticar una leve depresión y recetar unas pastillas. Se tomaba unas por la mañana y otras por la noche y, como eran difíciles de tragar, se ayudaba con un poco de vino. En casa la vieron animada y se despreocuparon.

Una mañana se sintió triste. No se veía con fuerzas para ir al mercado. Un par de pastillas no fueron suficientes.

Morituri

Hoy empiezo a publicar Morituri, cuentos breves con una temática y un marco comunes. Son historias independientes las unas de las otras, con personajes de rostros desconocidos y cercanos.

Morituri es un pequeño placer personal y un reto. Muchos de estos relatos nacen de textos antiguos: esos textos en Word, esas notas manuscritas que acababan en una carpeta del ordenador o en una libreta con la esperanza de algún día ser rescatados. Pues llegó su momento.

Son textos sin fantasía ni ciencia ficción, puede que no sea el LJ al que estéis acostumbrados. Puede que sea algo oscuro.

La foto que las enmarca es un original de Ricardo Salas, tomada desde el Medusa.
Aquí está el original, aunque es un paisaje que debe verse en persona.

Empezamos por este cuento: Una mañana cualquiera.

Espero que os guste. Espero vuestros comentarios.

Etiquetas

Hermione Granger negra. Bond mujer.

La lista de ejemplos podría ser eterna: ¿Por qué dices que tal personaje es gay? ¿Existe una libertad real para educar a tus hijos sin las limitaciones de la identidad de género? ¿Hay vida más allá de protagonistas hombres heterosexuales blancos? Estos son sólo algunos de los debates que estas últimas semanas han aparecido en mi timeline. Etiquetas.

Permitidme que haga un análisis dejando salir al sociólogo que aun existe en mí y, también, al activista. Y dejad que, para simplificar el análisis, me centre sólo en los ejemplos de Hermione Granger negra y Bond mujer.

Noma Dumezweni es Hermione en ‘Harry Potter and the Cursed Child’
Noma Dumezweni es Hermione en ‘Harry Potter and the Cursed Child’

Para los despistados:

  • En Londres estrenan una obra de teatro del universo Potter donde Hermione Granger es negra. Se ha armado un debate sobre si unos son racistas y los otros no respetan la construcción del personaje.
  • Ahora que Daniel Craig ha dicho que lo deja, han salido voces pidiendo que el nuevo Bond sea un actor negro (Idris Elba, en concreto) o una mujer (Gillian Anderson entre otras). Para los seguidores del Doctor Who este debate no es nuevo ya que aparece con cada cambio de doctor.
Antes de seguir, mis respuestas a estos dos temas son:
  • Hermione Granger negra. En cada montaje de cualquier obra teatral se lleva a cabo una reinterpretación de los textos y personajes. Hemos visto Shakespeares contemporáneos, Reyes Lear encarnados por mujeres… qué más da si Hermione es negra.
  • Bond mujer. Lo rompedor seria que la industria se atreviese a crear un personaje femenino protagonsita de una saga de acción. No veo necesario reinventar a Bond.
Anderson presentada como la siguiente Bond
Anderson presentada como la siguiente Bond

Pero este artículo es para hablar de etiquetas.

¿Os habéis fijado que no nos hemos planteado que el protagonista deje de ser británico y sea francés, americano, noruego o español? A ver, además de hombre blanco lo que define a Bond es su nacionalidad. Y Rowling se negó a meter algún protagonista americano en sus novelas, a pesar de las presiones de los editores. Así pues, ser británico no es una etiqueta, no hay lucha. Las etiquetas se hacen visibles cuando hay diferencia, cuando no hay igualdad. Las etiquetas son algo que nos llama la atención.

Cuando mayor es la etiqueta, cuando más nos escandaliza o nos emociona leer algo vinculado a esas etiquetas, mayor es la lucha y mayor es la discriminación aun existente.

La igualdad debe ser transparente porque no nos fijamos en lo que es común y habitual. Algunos diréis que muchas discriminaciones eran invisibles y que la lucha las ha hecho visibles. ¡Por supuesto! Y esas reivindicaciones ponen luz en las etiquetas:

  • ¿Hermione es negra porque la actriz protagonista era la candidata perfecta o por querer poner luz en esa etiqueta?
  • ¿Proponer nombres de mujer para Bond es poner el foco en que no existen papeles femeninos protagonistas de acción?

No me parece mal ninguna de las dos acciones para llamar la atención. Sólo digo que lo que no importa es si Bond es una mujer o si Hermione es negra; lo que importa es que mientras sean noticia estos temas nos queda mucho por recorrer para conseguir una igualdad real.

El riesgo de la lucha de etiquetas.

Lo curioso es que tenemos que hacer las etiquetas de un tamaño enorme en la lucha para que sean transparentes. Pero creo que no hay otro remedio. Debemos hace enormes las etiquetas de la discriminación para, luego, volver a hacerlas invisibles, cuando deje de existir tal discriminación.

El riesgo está en acomodarse en la lucha de las etiquetas y olvidarse que el objetivo es que desaparezcan. Existen estudios sobre como son los líderes de los ghettos los que no quieren la igualdad real porqué perderían su poder: ha pasado en la comunidad afroamericana y empieza a haber comportamientos parecidos en ciertas formas de entender el feminismo.

No nos debería importar el color de piel de un actor, sino su interpretación.

No nos debería importar quién es el prota de una peli, sólo que sea convincente y la peli sea buena.

No nos debería importar de quien se enamora el héroe, sólo que salve la humanidad.

No nos debería importar si un niño juega con muñecas, sólo que sea feliz.

 

Mientras, lucharemos.


Adenda.

Empecé este artículo hace un par de semanas, antes de los sucesos de Orlando contra una discoteca gay donde un MALDITO DESGRACIADO ULTRARELIGIOSO mató a 50 personas.

Durante años fui algo crítico con algunos excesos del colectivo gay en su puesta en escena. No creía necesaria ciertas manifestaciones del orgullo, no me gustaba que nos pusiéramos una etiqueta tan enorme encima. Pero con el tiempo he cambiado de opinión y ahora más aún.

Mientras el poder religioso (sea la religión que sea) nos humille  y desprecie, lucharemos.

Mientras nos maten, lucharemos.

Y lucharemos con nuestra etiqueta.

Daniel Munoz via Getty Images
Foto de Daniel Munoz via Getty Images

El desencanto. Cuando odias tu novela

 

Puede que una de las comparaciones más cursis es aquella que equipara escribir a una historia de amor, el idilio que empieza con la idea y que se culmina con la boda, la publicación. Pero como la mayoría de historias de amor, la del autor con su novela también pasa por sus momentos malos. Cuando te hartas.

A mi está pasando ahora. Todo iba bien, ya nos conocíamos. La idea daba vueltas en mi cabeza desde hacía un tiempo. Todo iba bien, todo iba rápido. Las páginas se escribían casi solas, con sus momentos intensos de acción, sus momentos más calmados donde hablar de nuestras cosas.

Pero todo se torció un día. Te das cuenta que la relación no va a ningún lado. La historia no se aguanta. Nos une menos de lo que creíamos. Los motivos de los personajes son débiles. Tú sueñas con fuegos artificiales y la relación sólo da chispitas.

Es ese momento que llamas a tu amigo, o a tu madre, y le cuentas tus problemas. Te hiciste ilusiones y no es lo que parecía ser. Te dan consejos y tu tomas nota de ellos. Os dais un tiempo y cuando os volvéis a ver recuerdas esos buenos momentos, esas escenas vibrantes que no crees que escribieras tu… Y piensas en daros otra oportunidad. Puede que nos debamos ajustar un poco.

En eso estamos. Tenemos una crisis, la novela está algo encallada, pero saldremos de ello. Tenemos algo especial.

 

Sed buenos. Feliz Pascua.

2016 Buenos Propósitos

Buenos Propositos 2016Aunque estemos a día 3, es momento de compartir mis buenos propósitos de año nuevo. Ah, y hay premio al final del post, para los pacientes con memoria.

Me he propuesto tres retos este año, bueno, tres se pueden contar en público.

 

Buen propósito 2016 #1. Publicar 2 libros.

Tiene su lógica. En 2015 publiqué un libro, en 2016… dos.

En marzo quiero publicar los cuentos de sunshine horror: Un cálido escalofrío. Una docena de cuentos de fantasmas que no os harán temblar de miedo, pero si os harán vibrar, espero, con otras emociones.

En octubre será turno de Sueños del Futuro. Hace pocos días publiqué un pequeño fragmento, y espero ir avanzando contenidos.

Los planes de los libros no sólo dependen de mi capacidad de escritura como los tiempos del sector editorial. Así q puede haber fallos temporales.

 

Buen propósito 2016 #2. Ser buen padre.

2015 también ha sido el año en que me he estrenado con lo de la paternidad. Y aunque creo que en general se me está dando bien, siempre se puede hacer mejor e invocar mayores dosis de paciencia.

Ser padre es más bonito y más duro de lo que uno imagina. Cuando eres padre das la razón a todo lo que te contaron los que ya lo eran y tú no querías creerte, o pensabas que tú en eso serias distinto.

Y en lo de ser buen padre también incluyo lo de no ser un padre imbécil. No malcriarlo ni pasarme el día hablando de lo perfecto y maravilloso que es el pequeño monstruo, aunque lo sea.

 

Buen propósito 2016 #3. Ponerme en forma, de nuevo.

Lo había conseguido, pero llegó lo de ser padre y se acabó lo de ir al gimnasio. No es una excusa, era inviable, en serio, creedme. Pero eso no quita que no pudiese hacer otras cosas: ir a correr, entrenar en casa… y este es mi último reto, volver a ponerme en forma, perder quilos, ganar masa muscular, ser un buen FILF.

 

Y el regalo prometido…

Os he advertido que el regalo era para los pacientes con memoria.

Dentro de un año, los que recordéis este post podéis pedirme cuentas. Habrá premio para los tres primeros que me recuerden este post en enero de 2017. Y la recompensa irá en relación a la cantidad de buenos propósitos cumplidos. Cuanto más cumpla, mejor para vosotros, así que tenéis un año para alentarme.

 

¿Y vuestros propósitos q tal?

¿Quién rescata a los héroes?

sueñosAyer os pregunté por twitter ¿Quién rescata a los héroes?

¡Gracias por responder! Aquí va un pequeño esbozo de mi próxima novela, titulado a modo provisional “Sueños del futuro”, con vuestras respuestas hilando la conversación entre Joe y Sophia. El texto es provisional, así que no lo busquéis en la novela, puede que no esté, o la charla la tengan otros personajes.


 

¿Quién rescata a los héroes?

Hace frío, no parece que sea casi verano, y que yo me enteste en vestirme con vestidos de tirantes no ayuda. No me atrevo a pedirle que me abrace, no puedo, no debo, no sería correcto. No me atrevo a interrumpir sus pensamientos. Sólo me atrevo a observarlo, contemplar su barba pelirroja, buscar sus ojos en la oscuridad.

—Dicen que debajo del Peñasco hay una cueva. Y en esa cueva hay un pozo que si observas el fondo ves el reflejo de la luna llena, aunque no haya luna en el cielo. Y que si te lanzas, y nadas hasta ella vivirás para siempre.

—¿Conoces a alguien que lo haya intentado? Llegar al fondo.

—No hay cueva. No conozco a nadie que conozca esa cueva, aunque todos conocemos la leyenda.

—Bueno, pues ahí está la gracia, que sea una leyenda, un cuento… Si hubiese cueva y pozo, no sería una historia que se cuenta a los niños, ¿no? Habría cola de gente queriendo ser inmortal.

—Y si todo fuese una leyenda… Lo nuestro…

—Sería más fácil, pero nosotros existimos. Estamos en esa lista, tú existes, con tus poderes de superhéroe preparado para cuando llegue nuestro momento. Preparados desde pequeños para rescatar al mundo.

―¿Y quién rescatará a los héroes?

―Los héroes se rescatan solos, que por algo son héroes.

―No, Sophia, hablo en serio.

―Pues no sé. Alguien habrá, a Harry Potter lo salvaba todo el mundo, Ron, Hermoine, Dumbledore, creo que incluso Voldemort lo salvó una vez.

―Vale tú ganas.

Joe casi ríe. Y recuerdo a Olga diciéndome que el día que un chico entienda mis bromas no le deje escapar. Me gustaría sonreír, pero aún me duele demasiado.

—A los héroes griegos los ayudaban los dioses, sus padres. Que igual los salvaban de los líos que ellos mismos los metían. Pero claro, ahora no tenemos dioses, ¿no?

—Alguien o algo nos creó.

—Nunca me lo había planteado. A Superman lo metió en el lío su padre, salvándole de la destrucción de Kriptón, aunque no me preguntabas por esto.

Joe sonríe, aunque su sonrisa es triste. Me gustaría un día verle reír. Poder reír con él, antes que no haya nada de lo que reír. O después, cuando la risa sea la única vía para volver a aprender a ser felices.

—Me pregunto qué pasará con nosotros si fracasamos, ¿quién vendrá a por nosotros? O si triunfamos, quien nos curará las heridas, no sólo las físicas, también las del alma. La humanidad, la que sobreviva, ¿confiará en nosotros o nos tendrá miedo?

―Joe, yo te cuidaré, yo te curaré las heridas físicas y las del corazón. Y no seremos más héroes, sólo tú y yo. Después de nosotros, deberán ser ellos los héroes.

No lo debería haber pensado, tampoco debería haberlo dicho. No es correcto. No debo. Joe intenta tomarme de la mano, yo la aparto. Joe se pone en pie.

―Está a punto de amanecer, será mejor que volvamos.