2016 Buenos Propósitos

Buenos Propositos 2016Aunque estemos a día 3, es momento de compartir mis buenos propósitos de año nuevo. Ah, y hay premio al final del post, para los pacientes con memoria.

Me he propuesto tres retos este año, bueno, tres se pueden contar en público.

 

Buen propósito 2016 #1. Publicar 2 libros.

Tiene su lógica. En 2015 publiqué un libro, en 2016… dos.

En marzo quiero publicar los cuentos de sunshine horror: Un cálido escalofrío. Una docena de cuentos de fantasmas que no os harán temblar de miedo, pero si os harán vibrar, espero, con otras emociones.

En octubre será turno de Sueños del Futuro. Hace pocos días publiqué un pequeño fragmento, y espero ir avanzando contenidos.

Los planes de los libros no sólo dependen de mi capacidad de escritura como los tiempos del sector editorial. Así q puede haber fallos temporales.

 

Buen propósito 2016 #2. Ser buen padre.

2015 también ha sido el año en que me he estrenado con lo de la paternidad. Y aunque creo que en general se me está dando bien, siempre se puede hacer mejor e invocar mayores dosis de paciencia.

Ser padre es más bonito y más duro de lo que uno imagina. Cuando eres padre das la razón a todo lo que te contaron los que ya lo eran y tú no querías creerte, o pensabas que tú en eso serias distinto.

Y en lo de ser buen padre también incluyo lo de no ser un padre imbécil. No malcriarlo ni pasarme el día hablando de lo perfecto y maravilloso que es el pequeño monstruo, aunque lo sea.

 

Buen propósito 2016 #3. Ponerme en forma, de nuevo.

Lo había conseguido, pero llegó lo de ser padre y se acabó lo de ir al gimnasio. No es una excusa, era inviable, en serio, creedme. Pero eso no quita que no pudiese hacer otras cosas: ir a correr, entrenar en casa… y este es mi último reto, volver a ponerme en forma, perder quilos, ganar masa muscular, ser un buen FILF.

 

Y el regalo prometido…

Os he advertido que el regalo era para los pacientes con memoria.

Dentro de un año, los que recordéis este post podéis pedirme cuentas. Habrá premio para los tres primeros que me recuerden este post en enero de 2017. Y la recompensa irá en relación a la cantidad de buenos propósitos cumplidos. Cuanto más cumpla, mejor para vosotros, así que tenéis un año para alentarme.

 

¿Y vuestros propósitos q tal?

Ciencia ficción para la investigación biomédica

El astronauta imposible se une al #GivingTuesday.

Entre el martes 24 de noviembre y el jueves 3 de diciembre, todos los beneficios obtenidos por la venta de los títulos de nuestro catálogo se destinaran a la investigación biomédica que se lleva a cabo en el IRB Barcelona. Por ello, durante estos días nuestros libros estarán en “precio dinámico” en el portal de compra de libros electrónicos lektu, tú eliges cuanto pagas, tú eliges cuanto donas.

Astronauta Giving

¿Qué libros?

Pandora Despierta, de Pau Varela. ‘’No fue una guerra. No hubo lucha alguna. A las doce de la noche de un domingo de octubre frío pero ordinario en todo lo demás, ni veinticuatro horas después del avistamiento de la primera nave, la humanidad pasó de dominar la tierra a ser una especie en peligro de extinción. Los ejércitos de la mayoría de potencias militares del planeta quedaron reducidos a cenizas durante las dos horas siguientes al primer contacto. Ni rebeliones, ni héroes, ni resistencia, ni grandes batallas. Simplemente el exterminio sistemático de toda una especie. Nosotros.”
Proyecto Marte, de LJ Salart. Sigue el camino alrededor de Usha Leber, la primera humana en respirar el aire de Marte de manera oficial. ¿Podrá seguir la paz en la Tierra cuando se haya completado su gran sueño compartido? La terraformación marciana. Humanos afrontando su futuro. Inteligencias artificiales y biotecnología. Vive la Era de Marte.

¿A qué precio?

Esto es lo mejor, tú decides cuando quieres aportar, por eso usamos la opción que nos ofrece lektu de precio dinámico. Destinaremos los beneficios íntegros a la iniciativa, descontados impuestos y el margen de lektu.

¿Por qué el Institut de Recerca Biomèdica?

Porqué nos va la ciencia ficción, y sin científicos investigando, no habría nada que ficcionar. Porqué sin científicos investigando, seguiremos padeciendo y muriendo de las mismas enfermedades. Y los escritores sólo queremos ver sufrir a nuestros personajes.

Ninguna idea vale una vida

Hace 10 años escribí este pequeño cuento, tras los atentados en Madrid. Hoy he vuelto pensar en él.

 

TREN

¿Cuantas venganzas cuestan una vida? Me hacía esa pregunta cada vez que subía a un tren. De niño, en un largo trayecto que me llevó des de Barcelona a Cartagena mi abuela empezó a leerme asesianto en el Orient Express. Puede que no fuera el mejor libro para un niño de onze años, pero estaba absolutamente mareado y mi abuela empezó a leerme aquel relato en voz alta, a ver si me calmaba, y así fué. La lectura de mi abuela parece que me calmó.

No acabamos de leernos la novela en ese viaje, y de vuelta a casame olvidé. Unos años más tarde, visitando a mi abuela volví a ver esa novela, ya amarillenta, sobre su mesilla de noche. ¿Te acuerdas que te la leí de pequeño?, me preguntó. Yo respondí afirmativamente, y le pedí la novela. Me apetecia acabarla. Empezé con ella esa misma noche y unos días después, causalmente, la acabé en un trayecto de tren de cercanías. Y me planteé esa pregunta, ¿cuántas venganzas cuestan una vida?

Me volví a hacer esa misma pregunta más tarde, cuando doscientas personas murieron en una venganza acometida en un tren. ¿Tan grande era el motivo de la venganza que merecían tantas vidas a cambio? Mi respuesta fue que no, una venganza no vale doscientas vidas, ni una vida puede ser el pago de doscientas venganzas.

 

 

Una venganza no vale una vida. Una idea no vale una vida. Aquí, o donde sea.

Preventa Proyecto Marte

¿Quieres el Proyecto Marte en papel directo en tu buzón y dedicado por el autor? ¿Y todo por el mismo precio que el precio de venta al público 9,50€*?

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Es muy fácil (no puedo montarme aun una tienda online, pero lo simplifico al máximo)

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Manda un mail a elastronautaimposible@gmail.com con el tema “Preventa Proyecto Marte” indicando:

– Nombre
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Te responderemos explicándote formas de pago (paypal o transferencia bancária**) y demás.

 Notas

Para los que nos veamos en las presentaciones: podréis comprarlos allí mismo y os los firmaré en vivo.

Para familia, amigos y conocidos: acepto pedidos a través del teléfono y similares.

Tenéis tiempo hasta el 22 de octubre de 2015.

Luego entre que me lleguen los libros y los mande, contad una semana más antes no os llegue, esperando que Correos no se despiste.

 

*Precio para España Península (en otros casos, consultar por email).

**Para los que nos tengamos que ver en vivo se admite “te lo doy cuando te vea y me des el libro”.

 

Venta física en librerías

Proyecto Marte estará disponible en Gigamesh Tienda a partir de noviembre.

Iremos informando de nuevos puntos de venta.

Próximamente, información de la venta en formatos digitales e impresión en demanda.

Cuestión de aritmética

aritmeticaEl anciano Claus tendió las manos a las dos personas que, orgullosas, se las ofrecían. A su derecha, el alcalde, a su izquierda, la presidenta de la Fundación Paz y Vida. Hasta dónde alcanzaba su vista, una apretada hilera de ciudadanos esperaba para tomarse de las manos y mantenerlas unidas durante cinco minutos. La larga cadena humana sumaria más de cien mil personas para pedir la paz en el mundo y el fin de todas guerras. Esa humilde iniciativa había sido propuesta por el honorable Claus Mastervile para celebrar su centésimo cumpleaños.

La cadena, que tenía su punto neurálgico frente al ayuntamiento, serpenteaba por las calles de la ciudad, en un recorrido que se acercaba a los cuarenta kilómetros. El promotor había sugerido que cien mil participantes sería un buen número. Propuso una inscripción previa y la asignación de un puesto, para hacerlo todo más fácil. Él correría con todos los gastos. Esa ciudad le había acogido hacia casi ochenta años y allí había hecho fortuna, por ello, pagaría los expendios de su celebración. Además, si nadie se soltaba ni un solo momento durante los cinco minutos del reto, él daría toda su fortuna a la ciudad y a obras benéficas. Para ello, habría cámaras y jueces que vigilarían el perfecto discurrir del evento. Sugirió que sólo participaran adultos, para asegurar que nadie se soltara las manos. Ya se sabe, los niños

En la misma plaza del ayuntamiento, uno de los grupos de pop adolescente de moda arrancaba con su éxito del momento, que habían adaptado a una duración exacta de cinco minutos. Es para nosotros un auténtico honor hacer posible la paz en el mundo. La primera nota, retransmitida por altavoces a lo largo de la ciudad, era la señal para que todos se agarraran de las manos. Lord Claus tomó las dos manos que tenía al lado y sintió las cien mil almas que se unían para festejar su cumpleaños.

Doña Almudena Pérez de Corella y Fernández de Nuño, Marquesa de Dos Villas y presidenta de la Fundación Paz y Vida, aceptó encantada la propuesta de Lord Claus. Aunque ese viejo carcamal era algo insufrible al trato, financiaba una parte importante de los proyectos de la Fundación y sabía que podría sacar buena tajada de la herencia de ese hombre que, por su edad, moriría pronto. Don Rufo Jiménez, que estaba a menos de un año de las elecciones, aceptó rápido la propuesta, siempre que pudiera tener un lugar destacable en el evento y poder adjudicarse el tanto de la herencia. Claus estaba encantado de tenerlos a ambos lados, serían dos almas con especial valor añadido. Les agarraba con fuerza. Mientras, la gente coreaba la canción. Cuatro minutos eran necesarios, pero los cinco le daban margen suficiente.

 

Dos monjes que cuidaban de él, cuatro borrachos dormidos en la puerta de una taberna que se movieron poco, dieciséis miembros de una familia que celebraban un aniversario, sectarios que esperaban un futuro mejor: Con ninguno resultó difícil, de hecho, a los últimos fue demasiado fácil, y eso complicaba la siguiente cosecha.

 

Claus era el tercer hijo de un conde. Había tomado los hábitos, como se esperaba de él, pero no se sentía cómodo en una vida monacal. Hubiese preferido enrolarse en el ejército y matar infieles. Le gustaba la sensación de las armas en sus manos, el poder que le confería disponer de la vida de otro a tu voluntad. Pero su familia aún seguía los preceptos en los que el hermano mayor era el heredero de las tierras y el título, el segundo se dedicaba a la vida militar y el tercero era entregado a Dios, en su caso, un convento de clausura.

El día que cumplía los veintiún años, unas altas fiebres parecían querer llevárselo al otro mundo. Después de horas de rezos al Señor, el joven gritó ofreciendo su alma al Maligno para que le salvase la vida, jurando ser su siervo si lo salvaba de esos sufrimientos. En ese momento, desaparecieron los sudores y escalofríos, su mundo quedó en silencio y un hombre desconocido, alto y bien parecido se presentó ante él.

El pacto que le propuso era simple, aparentemente. El Diablo le ofrecía vivir con salud hasta los cien años. A cambio debía conseguirle dos almas ese mismo día, mientras fuera aún su aniversario. Para la cosecha, él y los dos tributos debían agarrarse de las manos formando un círculo y mantenerse unidos, sin soltarse ni un solo momento, cuatro minutos.

El visitante desapareció y Claus volvió a los sudores y escalofríos. No sabía si lo que acababa de vivir era fruto de las fiebres o, realmente, acababa de pactar con el Diablo. Temió la reacción del Señor y llamó a sus compañeros, para que le ayudaran a rezar, pidiendo a Nuestro Señor que intermediase por su vida y su alma. Junto a él se arrodillaron a rezar dos monjes. El hermano Claus, les tendió las manos, y los hombres se la agarraron y se las tomaron entre ellos, formando un círculo. Y siguieron rezando, Claus no fue muy consciente de todo lo que estaba ocurriendo, pero cuatro minutos después, los dos monjes cayeron muertos al suelo y él se sintió recuperado.

En el monasterio nadie sospechó de esas dos muertes fulminantes, los misteriosos designios del Altísimo. Claus se sentía contrariado por lo ocurrido y durante muchos años se culpó por la muerte de sus dos compañeros, se fustigaba por ellos todas las noches. Pero acabó convenciéndose que había hecho ese pacto en medio de fiebres, y que fueron los dos hermanos que le tomaron las manos. Había sido un cúmulo de extrañas e inoportunas casualidades. Y se perdonó por ello.

 

Tras una vida próspera en el monasterio, llegó el día en que Claus cumplía cien años. Era, con mucha diferencia, el monje más viejo de la congregación. El anciano se preguntó si el Diablo querría volver a pactar con él. Sabía que ese día moriría, y quería seguir viviendo, pensó, quizás empezar una nueva vida como hombre de armas. Así que Claus volvió a llamar al Diablo, esperando conseguir salud y juventud. El Diablo se presentó ante él: Cosechador, te ofrezco volver a tener veintiún años y poder vivir de nuevo hasta los cien. Pero esta vez no me bastarán dos simples almas. Quiero dos veces dos almas.

Claus salió del monasterio con la intención de no volver más a él. Se sentía contrariado por tener que sacrificar cuatro almas y dudaba sobre si debía resignarse a la muerte. Pero la ansiedad por poder seguir viviendo se apoderaba de su razón y, cuando oscurecía el día y acababa su tiempo, vio a cuatro borrachos durmiendo en la puerta de una taberna. Pensó que esas cuatro almas ya estaban perdidas y que poco importaba si iban antes al infierno. Les tomó las manos y las ató entre ellas para que no se soltaran. Mientras los hombres morían, sintió rejuvenecer y empezó una nueva vida.

 

Cuando setentinueve años más tarde Claus volvió a invocar al Diablo, ya estaba preparado para responder al nuevo trato. Había sido una vida plagada de grandes aventuras, se había labrado una leyenda como soldado y estratega militar. Y ansiaba más. Deseaba seguir conociendo el mundo. Las cuatro veces cuatro almas que le comprarían otra vida las formaban una familia que se había reunido para celebrar el cumpleaños del hijo mayor.

Era una familia que abjuraba de la verdadera fe católica, siguiendo los preceptos protestantes. Sus almas ya estaban corrompidas. Claus les había ofrecido su casa para celebrar la fiesta familiar y les pidió unirse en un rezo para celebrar ese feliz acto. Volvió a sentirse joven mientras caían los dieciséis cuerpos, mientras los más pequeños de esa familia se divertían en las cocinas. No era moral usar a niños en sus sacrificios.

 

En la siguiente cosecha, Claus tuvo que ser más previsor para conseguir doscientas cincuenta y seis almas. Había vivido grandes momentos, y quería más. Andaban los años treinta del siglo veinte y el mundo empezaba a vivir la resaca de los excesos tras la guerra que lo había puesto todo patas arriba. Tejió un discurso prometiendo un mundo mejor y perfecto. Creó un refugio en una isla apartada del Pacífico, para sus acólitos. Les prometió que allí sus almas alcanzarían un estado superior. El éxito superó las expectativas de Claus y trescientos dieciséis incautos rezaron juntos durante cuatro fatídicos minutos. No se sintió mal por sus almas, eran unos infelices, pensó.

El Diablo se presentó ante él cuando abandonaba la isla, rumbo a un nuevo destino. Claus se sorprendió con la inesperada visita: Me ha hecho feliz que me hayas regalado sesenta almas más de las que te pedí. Pero ten en cuenta que cuando vuelvas a llamarme te pediré trescientas dieciséis veces trescientas dieciséis almas. No es nada en contra de ti, es simple cuestión de aritmética.

 

Con el cambio de milenio, Claus pensó en que no valía la pena renovar su pacto con el Diablo. El cansancio vivía en él. Habría vivido cerca de tres siglos y ya no le apetecía alargar su existencia. Había luchado guerras y provocado paces. Se había hecho rico y pobre demasiadas veces. Había conocido tantos amores y desamores que ya nada hacía latir su corazón. Así que decidió dilapidar su fortuna como mecenas en esa ciudad costera en la que había recalado tras la última cosecha. Puede que muriera, pero todo el mundo honraría su nombre.

A pocos meses de su cumpleaños, Claus echó cuentas y, como un juego, pensó como sería capaz de unir las manos a casi cien mil personas para cosechar sus almas. Vio en la tele una larga cadena de personas unidas no sabía por qué motivo. Las imágenes mostraban kilómetros y más kilómetros de almas unidas. Claus pensó que si había llegado vivo al 2014 podía intentar conocer el mundo del 2085. Todo estaba cambiando muy rápido a su alrededor, mucho más que en esos trescientos años y quería ver que maravillas le esperaban en el futuro.

Lord Claus Mastervile acudió a un reputado programa de televisión vespertino. Que quede entre usted y yo, me haría mucha ilusión, para cuando cumpla los cien años, dentro de un par de meses, mandar una señal de paz al mundo. No sé, ¿se imagina usted una cadena humana de cien mil personas rodeando la ciudad pidiendo el fin de todas las guerras? Me gustaría hacer un legado así a la humanidad, antes de morir.

No le hacía mucha gracia el revuelo mediático, todas las cámaras que cubrirían cada momento y centímetro del evento, pero fue la condición necesaria para hacer posible la cosecha. Así que mientras la Fundación y el Ayuntamiento organizaban el evento, Claus perpetró un plan de huida. Cuando todo el mundo cayera al suelo, él haría lo propio, aprovechando para cubrir su rostro con una máscara que llevaba escondida en la chaqueta. Esperaba, con el revuelo, poder llegar hasta el coche que lo esperaba en una calle colindante. Aunque lo filmaran las cámaras, nadie vería su cara juvenil. Cuando se preguntasen quien era la persona que había marchado del lugar o qué había pasado con Lord Claus, él ya estaría en una apartada mansión europea, con una nueva identidad y su fortuna transferida a cuentas bancarias de paraísos fiscales.

 

La canción pasaba por la segunda repetición del estribillo. Al finalizar la tercera, se cumplirían los cuatro minutos y se llevaría a cabo la cosecha de las cien mil almas. Unas enormes pantallas iban recorriendo el trazado, en ellas, Claus veía familias enteras, un grupo de escoltas, lo que parecía un destacamento de antiguos militares, mucha pareja joven… Le pareció reconocer políticos, artistas, deportistas, lo mejor de la alta sociedad local. Le incomodó ver a niños, además del riesgo que se soltasen, no le gustaba entregar almas tan inocentes. Pero ya era demasiado tarde para ello, y el Diablo estaría encantado.

Fantaseó con una nueva cifra, cien mil veces cien mil almas. Eso eran diez mil millones de personas, más que la población terrestre de ese momento. Aunque en las siguientes décadas, la población mundial aumentase, era imposible poder enlazar las manos de todos los habitantes del planeta.

Claus pensó en que debería negociar algo con el Diablo, para que le plantease un trato más accesible. Reunir cien mil personas había resultado ostensiblemente simple. Así que un reto de un millón de personas podría ser posible. O pensó que podría viajar a Marte, en algunas de las colonias que allí se planeaba instalar. Tan lejos no podría llegar el Diablo a reclamar su alma y los avances médicos podrían regalarle muchas más décadas de buena salud.

En su ensimismamiento Claus no se dio cuenta que la música había callado, sustituida por gritos, silbidos y aplausos. Miró a su alrededor y todo el mundo seguía vivo… en pie, saltando, tomándose fotos. La cadena ya se había roto. Doña Almudena lo abrazó. Lord Claus, han sido los cinco minutos más bellos y emocionantes de mi vida. El siguiente fue Don Rufo. Ha sido un honor haber podido participar en este evento que se recordará por generaciones. La ciudad se lo agradece. Claus cayó desmayado, algo que todos atribuyeron a la emoción del momento.

Ha faltado gente, es lo único que lograba repetir el anciano, recostado en un sofá del despacho del alcalde. Doña Almudena no entendía las palabras del anciano, e insistía que la participación había sido muy superior a la esperada, se acercaba a las ciento cincuenta mil personas. Don Rufo confirmaba esos datos, y que los jueces estaban corroborando que nadie se había soltado.

Mientras los demás seguían charlando, Claus sintió que todo parecía silenciarse a su alrededor y que una figura conocida, que nadie más pareció ver, entraba en la estancia. Casi lo consigues, cosechador. Aprovecha tus últimas horas de vida. La próxima vez que nos veamos, será en mi reino.

 

Lo que no supo Claus, que las cámaras escondieron y los jueces omitieron, fue que mientras sonaba la segunda repetición del estribillo de la canción, ante una cafetería de la tercera avenida, Mario no pudo seguir más con ese secreto que le comía por dentro. Le confesó a Elisabeth, con quien compartía la cadena humana y una relación de cinco años, que mientras ella había estado fuera de viaje, él había quedado a tomar algo con su amiga Clara. Una cosa había llevado a la otra, el vino de la cena, un par de copas de más y que lo sentía mucho.

Mario esperaba que si tanta gente había podido reunirse para pedir la paz en el mundo, ella le podría perdonarle por ese fatal error. Y que la quería, que ahora lo tenía mucho más claro. Ella era la mujer de su vida y que nunca más volvería a pasar algo así.

Cuando empezó la tercera repetición del estribillo. Elisabeth, soltó su mano de la de Mario y se abrazó, llorando, al desconocido que tenía al lado.

 


 

Cuento publicado en Dolunai, Antología de Fantasía Urbana (2015) por Monstruito Ediciones, Santiago de Chile.

 

 

 


 

Imagen: pixshark.com

Proyecto Marte: Amina Bundermans (6)

Una ironía del destino lo llamaba la abuela. Los ingenieros de Misatonik han desarrollado un casco que permite potenciar mis bioimplantes transmisores y me permiten conectarme al nodo, al Globo y al Gobierno. Otro casco. Válido para mí y para muchos otros individuales.

Al no disponer de una inteligencia cuántica que gestione mi acceso al Globo, no puedo entrar a fondo en los debates, pero mi opinión en forma de voto es recogida en las resoluciones del Gobierno, cómo la del resto de humanos. A pesar del casco, por fin, puedo ser una persona que puede tener una vida normal.

Recuerdo cuando Marte era un sueño, era el proyecto de toda la humanidad, ese sueño por el que luchábamos todos. La máxima aspiración de todo terrícola era poder ser seleccionado para formar parte de la pequeña colonia marciana. Ahora, viajar a Marte es como ir a cualquier zona de la Tierra. No existen limitaciones de estancia o visitas. La magia de Marte se ha perdido, pero yo la quiero conocer, quiero buscar el rastro de Isaac en esas tierras, luego, volveré a la Tierra para estudiar psicohistoria o para intentar comprender porque esa fascinación compartida por Marte lo es ahora por Europa. Y cuando Europa, y luego Ganímedes, sean colonias estables. Y cuando hayamos llenado el sistema solar de estaciones espaciales, me pregunto si la humanidad seguirá necesitando un sueño compartido para seguir llegando lejos.

Se diría que mientras estemos observando el futuro, los humanos no nos peleamos por el presente.

0 Proyecto Marte

LJ Salamas se va, pero…

Cuando me puse en serio con esto de escribir opté por usar pseudónimo. No por ocultar mi identidad, a lo Clark Kent, sino para no crear confusión con mi perfil profesional. Opté por LJ, iniciales de mis nombres de bautizo, y Salamas, fusión de mis apellidos.

En las últimas semanas he meditado mucho en quien soy, en los que ya no están, en lo que quedará. Pensaba en la decisión de usar pseudónimo y en mi abuelo, que se fue hace años. Mi apellido paterno es poco común, pero el destino dio hijos varones a la familia, así que el patronímico se preservará al menos un par de generaciones más.  Pero pensaba en mí, que no daré apellido a ningún hijo.

“¿Y yo que haré?, yo escribiré libros y mi nombre llenará estantes”. Quiero poder contarle a mi abuelo, que debe seguir refunfuñando en algún lado, que su apellido se ha hecho famoso gracias a las novelas de su nieto.

Diréis que creo demasiado en mis posibilidades, pero si no creo yo en mi… Y puede que estas fiestas me hayan puesto melancólico, pero siempre me he sentido orgulloso de mi apellido y es momento de remediar una mala decisión al elegir nombre.

Es por ello que, con el 2015 dejo el LJ Salamas. A partir de hoy, LJ Salart.

Mi madre lo entenderá.

 

Feliz año.

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