Una mañana cualquiera

Empezó una mañana cualquiera, cuando se quedó sola en casa. Era probable que hubiese discutido con alguna de sus dos hijas o con su marido: poco importa. Llenó un vasito con el coñac de guisar y se lo bebió.

Algún mediodía mientras cocinaba se tomaba un culín. Algunas tardes mientras veía el culebrón vaciaba una copita de manzanilla. No pasó mucho tiempo hasta que el ceremonial se hizo diario: algún enfado que lo justificaba.

No sé quiso dar cuenta de ello cuando no pudo flambear los champiñones por qué no quedaba oloroso. En la lista de la compra anotó otra botella de fino y una de coñac. Flambeó los champiñones con whisky.

Pronto las botellas estuvieron en la lista de la compra semanal. Llenaba vasitos y no se justificaba en las niñas que no ayudaban en las tareas o en su marido que no sabía imponerse: «Déjalas que son jóvenes» acostumbraba a decir.

Le cambió el humor y se distraía a menudo. En casa se quejaban que la comida no estaba lista a tiempo: «trabajo muchas horas y solo pido llegar y encontrar el plato en la mesa»; o que la ropa no estaba limpia y planchada: «te dije ayer que necesitaba la falda, te pasas el día con la tele y te olvidas que tienes una familia».

La mandaron al médico, no estaba por lo que tenía que estar. Una rápida consulta sirvió para diagnosticar una leve depresión y recetar unas pastillas. Se tomaba unas por la mañana y otras por la noche y, como eran difíciles de tragar, se ayudaba con un poco de vino. En casa la vieron animada y se despreocuparon.

Una mañana se sintió triste. No se veía con fuerzas para ir al mercado. Un par de pastillas no fueron suficientes.

Morituri

Hoy empiezo a publicar Morituri, cuentos breves con una temática y un marco comunes. Son historias independientes las unas de las otras, con personajes de rostros desconocidos y cercanos.

Morituri es un pequeño placer personal y un reto. Muchos de estos relatos nacen de textos antiguos: esos textos en Word, esas notas manuscritas que acababan en una carpeta del ordenador o en una libreta con la esperanza de algún día ser rescatados. Pues llegó su momento.

Son textos sin fantasía ni ciencia ficción, puede que no sea el LJ al que estéis acostumbrados. Puede que sea algo oscuro.

La foto que las enmarca es un original de Ricardo Salas, tomada desde el Medusa.
Aquí está el original, aunque es un paisaje que debe verse en persona.

Empezamos por este cuento: Una mañana cualquiera.

Espero que os guste. Espero vuestros comentarios.