Esos días asesinos

¿Quién no ha deseado alguna vez sentirse libre como Michael Douglas en “Un día de furia”?

Hoy es uno de esos días. Y ya que está mal visto sacar la pistola y reventarle la cabeza a la gente, los que nos dedicamos al bonito arte de escribir tenemos la opción de torturar a esas mismas personas en nuestros textos.

No me resulta fácil matar a mis personajes. Se resisten en el papel a morir, me ofrecen alternativas. El último caso: ayer por la mañana, mientras desayunaba una chiquilla observaba como mis dedos asesinos describían su fallecimiento, pero su carita de pena, a lo Gato de Shrek, pudo conmigo. He tenido un fin de semana débil, y se ha aprovechado de ello. Por ahora, sigue viva.

En otros casos, ese chico malo de intereses oscuros, que acaba mostrando sus motivos a lo largo de las páginas, se apega a la vida narrativa. Tú sabes, desde que lo concebiste, que debe morir, es uno de los clímax, la catarsis que necesita la heroína de la novela. Y lo apuntas con tinta negra digital y disparas. Y mientras se desangra en el suelo, te sientes mal. Eres un maldito asesino.

Por ello, cuando decidas liquidar a alguien, ponle la cara de esa persona que odias (siempre odiamos a alguien), que te ha puteado el fin de semana, o la vida entera. No importa, imagina que es él quien se enfrenta al filo de un cuchillo de cocina, y dale fuerte. Lo mejor, o lo peor, es que nadie más que tú sabrá que ese personaje tiene cara y nombre en el mundo real. Nadie te recriminará que seas un potencial asesino en serie, sólo alabaran tus dotes pudiendo imaginar ese tipo de situaciones.

Y sí, yo también creo que George RR Martin debe tener muchos días de furia.

 

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La Polinesia Meridional

Música con la que escribo.

Hoy, La Polinesia Meridional de La Casa Azul.

En la versión que escribe mi mente, montamos en un pequeño avión birreactor, a mediados de siglo veinte, en una realidad en colores pastel y acuarela dibujada en una libreta de apuntes.

Volamos observando esas pequeñas islas casi desconocidas en las que imaginamos nativos vestidos con hojas de palmera comiendo fruta caída de los árboles. Soy un viajero europeo etnocéntrico y prejuicioso. Perdonadme, es el personaje.

En la avioneta monta esa gente a la que más quieres, y a la que te llevarías a unas vacaciones de ensueño. Los chicos con pantalón corto blanco y camisa floreada, las chicas con vestidos vaporosos y pamelas de paja. Mientras sobrevolamos el Pacífico, una amable azafata con corona de flores nos ofrece cócteles en enormes vasos a base de zumos y alcohol que no da resaca.

Leí hace poco, o lo vi en algún documental, que lo que da placer a nuestro cerebro no son los premios o recompensas sino el momento previo a obtenerlos. El pitido del whatsapp y no el mensaje, el papel de regalo y no el contenido, el momento de llamar al timbre de su puerta y no su sonrisa al abrirla. Vale, su sonrisa siempre nos da un poco de placer extra.

Disfrutamos más del camino que no de la meta. En mi versión, la avioneta va cargada de esa gente a la que más quiero, disfrutando del vuelo que nos lleva a la Polinesia Meridional.


La Casa Azul tiene esa capacidad de remontarte el ánimo. La banda sonora perfecta para los retos del día a día.

La Casa Azul me ha regalado grandes momentos en sus conciertos y deliciosas coincidencias con amigos.

Guille (para los neófitos, él es La Casa Azul) y yo vivimos en el mismo pueblo. Me he encontrado con él varias veces, pero nunca me he atrevido a decirle nada. Me puede mi timidez y actúo de discreto voyeur. Un día, muy por la mañana, saliendo a correr, y sacando el hígado por la boca, girando en una calle, casi me lo como. Se le quedó cara de susto, pobre.

Un día puede que lo salude.

 

LJ hablando de LJ

He decidido ponerme ñoño y convertirme en personaje de mis textos. Bueno, personaje ya lo soy, siempre hay algo de mí en mis relatos. Pero demos un paso más, LJ hablando de LJ. Egocentrismo, puede, pero es una de los defectos que nos podemos permitir los escritores.

Era muy reacio a esto, a abrir una especie de diario, pero varias de esas personas cuyo criterio aprecio mucho me han animado a ello. Alguna otra me lo ha desrecomendado encarecidamente, ya me pelearé con él en privado.

Así que bueno, sin periodicidad concreta, sin contenidos permanentes, dejando de lado mis cuentos fantásticos y mi Marte cifi, os hablaré del mundo en versión LJ. Perdonadme.

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