El desencanto. Cuando odias tu novela

 

Puede que una de las comparaciones más cursis es aquella que equipara escribir a una historia de amor, el idilio que empieza con la idea y que se culmina con la boda, la publicación. Pero como la mayoría de historias de amor, la del autor con su novela también pasa por sus momentos malos. Cuando te hartas.

A mi está pasando ahora. Todo iba bien, ya nos conocíamos. La idea daba vueltas en mi cabeza desde hacía un tiempo. Todo iba bien, todo iba rápido. Las páginas se escribían casi solas, con sus momentos intensos de acción, sus momentos más calmados donde hablar de nuestras cosas.

Pero todo se torció un día. Te das cuenta que la relación no va a ningún lado. La historia no se aguanta. Nos une menos de lo que creíamos. Los motivos de los personajes son débiles. Tú sueñas con fuegos artificiales y la relación sólo da chispitas.

Es ese momento que llamas a tu amigo, o a tu madre, y le cuentas tus problemas. Te hiciste ilusiones y no es lo que parecía ser. Te dan consejos y tu tomas nota de ellos. Os dais un tiempo y cuando os volvéis a ver recuerdas esos buenos momentos, esas escenas vibrantes que no crees que escribieras tu… Y piensas en daros otra oportunidad. Puede que nos debamos ajustar un poco.

En eso estamos. Tenemos una crisis, la novela está algo encallada, pero saldremos de ello. Tenemos algo especial.

 

Sed buenos. Feliz Pascua.

Nuestros fantasmas

un cálido escalofríoTras el Proyecto Marte llegará Un cálido escalofrío, un libro de cuentos de terror luminoso, y os voy a pedir ayuda.

¿Qué es terror luminoso?, os preguntareis. También lo llamo sunshine horror, que en inglés suena mejor. Veréis, soy de pensar que los seres espectrales que permanecen en nuestro lado de la realidad una vez muertos no se quedan para hacernos daño, sino por amor, porqué les ha quedado algo pendiente, porqué les cuesta desprenderse de alguien. Nos quieren prestar su último rayo de luz.

Un ejemplo de terror luminoso, el cuento Trata de Limón, que formará parte del libro.

Quiero que los cuentos no os dejen dormir, pero no por miedo pulp, por sangre o posesiones que hacen girar cabezas 360 grados. Quiero que no os dejen dormir porqué lloréis por vuestros fantasmas, por los que vemos y por los que no, por los que se fueron y añoramos. El reto es difícil, puede que imposible, pero soy de plantearme metas altas.

A lo que iba, el favor que os quiero pedir. Los cuentos nacen de mis sueños y de mis fantasmas, y de lo que una mente de escritor permite crear. Pero soy de pensar que la literatura no es un trabajo solitario, sino que la creación mejora cuando es compartida.

Os quiero pedir prestados vuestros fantasmas

¿Alguna vez os ha ocurrido algo a lo que no sabéis dar una explicación que no sea un fantasma? ¿Tenéis un espectro rondando por casa? ¿Sabéis en vuestro anhelo más profundo que esa vez no estabais solos?

Prestadme vuestros fantasmas, dejad que acompañen a los míos en Un cálido escalofrío.

Dejad aquí un mensaje contándolo, mandad un tuit o un dm, quedamos y tomamos un café…

Gracias.

11 cosas que aprendes cuando acabas tu primera novela

Lo fácil es escribir la primera versión de tu novela. Te lo pasas bien, te emocionas, ríes y lloras, disfrutas como un enano escribiendo sin parar. Y te sientes el rey del mundo cuando le pones el “Fin”.

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1. El trabajo empieza después.

Pero no nos engañemos, el trabajo de verdad empieza después, con las revisiones. Cuando te relees y te das cuenta que tu obra maravillosa está plagada de incoherencias y errores tremendos. Es bazofia.

2. Destruye tu obra.

No té de miedo borrar capítulos enteros, hacer desaparecer personajes, o meter de nuevos. La primera versión no era más de un espejismo, reescribe la novela. Es duro, pero aquí es cuando demostrarás que eres un escritor de verdad, no un simple aficionado.

3. Ponle música.

Revisa capítulo a capítulo, párrafo a párrafo, frase a frase, palabra a palabra. Todo tiene que tener un porqué y un sentido. Tiene que sonar bien y ser fluido en la lectura.
Consejo: lee en voz alta, si te encallas es que algo falla.

4. Corrige hasta morir.

No soy muy partidario de corregir errores ortográficos en las primeras versiones. Pero cuando la obra cobra cuerpo, es momento de pulir todos los detalles ortotipográficos. Usa de forma correcta las mayúsculas, las comillas, los guiones…

5. Para de corregir.

Vale, la obra nunca será perfecta, pero en algún momento tenemos que poner el freno y dejar el boli rojo. Márcate una fecha límite, un número de revisiones máximas.

6. Deja que te lean.

En algún momento, a partir de la segunda o tercera versión, comparte tu obra con lectores cero. Tu pareja, tu madre, tu mejor amigo… Y algún colega que tenga algo de criterio literario y que sepa de lo que escribes. Déjales que te critiquen la obra. No les recrimines sus comentarios, ni intentes convencerlos. Aprende de sus sensaciones al leerte y luego aplica lo que te salga en gana.

7. Confía en profesionales.

En la medida que tu economía te lo permita, contrata servicios profesionales. Yo recomiendo siempre un corrector profesional. Aunque mandes tu obra a una editorial, es bueno transmitir la sensación que eres alguien serio. Si quieres autoeditarte, saca la pasta de donde sea.
También hay servicios profesionales de informes de lectura, servicios editoriales… todo depende de tus objetivos y presupuesto.

8. Si vas a por una editorial…

No vayas a lo loco, investiga qué publican y qué quieren. Sigue la pista a sus editores, twitter ayuda mucho. Y presenta tu original de forma decente, encontrarás muchos tutoriales de cómo presentar una obra a una editorial.

9. Si te autoeditas…

Conoce las herramientas y vigila quien te quiere vender gato por liebre con los servicios editoriales. Cúrrate una buena portada, contrata a alguien si es preciso. Trabaja un buen resumen. Investiga dónde y cómo publicar tu obra (lektu, amazon…). Incluso investiga el crowdfunding (verkami) y pequeñas distribuidoras.

10. Comunica sin parar.

Nadie sabe que existes, nadie sabe quién eres, nadie te conoce. Las redes sociales te ayudaran a conocer gente, a darte a conocer. Pero no seas uno de esos pesados que solo habla de su libro. Además de las redes genéricas, twitter o facebook, piensa en goodreads y en el potencial que pueden tener pinterest o instagram.

11. Y no te rindas.

La versión final de tu novela da mil vueltas al bodrio de la primera versión. Puedes sentirte orgulloso del trabajo que has hecho. Pero tu primera novela solo será tu mejor novela si dejas de escribir. Querer ser escritor profesional, aunque no vivas de ello, es cansado, pero nadie dijo que fuera fácil. Sigue escribiendo, no pares. Sigue sacando todo lo que te quema por dentro.

Si escribes, no leas

Hace años oí a Rosana, la cantante, decir que no escuchaba música para evitar el exceso de influencia de otros autores en sus composiciones. Quería evitar componer versos ya cantados por otros. Puede que la anécdota no sea exacta y algo exagerada, pero bueno, me sirve.

El Marciano
El Marciano

Hace tiempo que me hablan de El Marciano de Andy Weir, lo he tenido en las manos varias veces, pero lo he devuelto al estante de la librería en varias ocasiones. También me apetece releer algo de los robots de Asimov, pero no lo hago. Soy incapaz de desligarme de la influencia de lo que estoy leyendo en mi obra. Así que hasta que no haya finiquitado el Proyecto Marte me he prohibido leer cifi, y menos un libro que transcurre en el planeta rojo.

Una de esas reglas que todo escritor debe cumplir es la de leer, tanto o más que escribir. Para aprender de los buenos textos y de los malos. Conocer nuevos enfoques, maneras de plantear las tramas o desarrollar los personajes, por ejemplo, de los buenos. O cómo no hacerlo, de los malos.

Leo menos de lo que me gustaría, también escribo menos de lo que quisiera. Pero ahora, mientras tengo un proyecto de ciencia ficción y otro fantástico sobre la mesa, intento no leer mucho del género. Quiero que mis tramas crezcan solas, y que las influencias sean más difusas. Leo otros géneros, novela negra, histórica… Sigo explorando el filón Joel Dicker.

Si escribes, no leas sobre lo que escribes, corres el riesgo de perder tu voz, tu identidad, tu perspectiva. Si escribes, lee sobre lo que no escribas.

(Se entiende que aquí no hablo de la documentación para construir tu obra).

Quien dice leer dice ver pelis o series… Ya, es duro, y a veces también peco. Me falta fuerza de voluntad.

Yo soy Dios

El avaro y el tiempo es uno de los cuentos que he escrito que más me gusta, y uno de los más raros e incomprendidos. Puede que se merezca una reescritura, y el proyecto está pendiente. En el relato desarrollo mi visión de los viajes en el tiempo.

Esta infografía plantea tres modelos de lo qué puede ocurrir si viajas en el tiempo. Yo soy de la primera columna, la línea fija.

3 teorias de viaje en el tiempo
3 teorias de viaje en el tiempo

Las líneas temporales paralelas me estresan y me dan rabia. Porqué resulta que en un universo paralelo hay un LJ que es famoso y vive de lo que escribe, y yo mientras en esta línea temporal.

La línea de tiempo dinámica lleva a paradojas que te deja en tablas, en un interminable día de la marmota en el que no eres consciente que vives. O un “vete al pasado pero no cambies nada” me atrae poco.

La línea fija me gusta por la irremediabilidad de los hechos. Poner a mis personajes ante retos imposibles me alienta. Dejarlos sin la opción de manipular la prueba del Kobayashi Maru: moriréis en el ejercicio. Aunque bueno, tus personajes no son omniscientes, ellos lucharan para evitar ese futuro que han conocido y no sabe que fracasaran en su intento.

No soy tan malo, en el fracaso de mis personajes radica su éxito futuro (su felicidad) y el ser quien son (su trayecto vital). Yo soy Dios, yo dibujo un futuro para mis personajes, ellos intentan cambiarlo. Si el futuro es distinto no es por su lucha, es por el mi deseo.

Después de endiosarme un rato…

Cuando escribes ciencia ficción o fantasía, cuando decides ir más allá de lo que se plantea como “real” ahora, tienes que tomar partido en cosas así: si pones a tus personajes a viajar por el tiempo, debes decidir cómo sus actos afectaran su realidad. Igual que decides cómo será su sociedad, o cómo será el desarrollo tecnológico.

Me gusta repetirlo, crea mundos coherentes. Si optas por líneas temporales fijas, no plantees paradojas propias de las dinámicas, porqué a tu lector le caerá el libro de las manos si percibe incoherencias. Cuando tus universos dejen de ser verosímiles, no importa lo bueno que seas narrando, perderás interés.

Vale, seré menos radical. No hay que ser perfecto en la coherencia, a veces somos incapaces de conseguirlo, se nos escapan detallitos. Incluso le pasa a JKR:

 

Ese extraño problema con los lunes, o la dura vida del escritor a tiempo parcial

Quería hacer este post hace una semana, para celebrar el dichoso Blue Monday, pero Sofia se me avanzó con un magnífico artículo, Monday blues, así que lo aparqué unos días.

 

Pues a mí los lunes me gustan.

Puede que así no me trabaje una imagen de escritor bohemio o aventurero, pero necesito cierto orden y hábitos: unos horarios, unas costumbres (algún debería contaros la de crisis raras que me entran en vacaciones). Y el lunes tiene eso, es la vuelta a la regularidad, a cierta previsibilidad cómoda. Ya se sabe que en jueves todo puede ocurrir*, pero no en lunes.

El lunes es ese día que vuelves al gimnasio después de la vagancia y los excesos del fin de semana. Y te apetece hacerlo. Te cuestan especialmente los abdominales y sientes que la pizza que no debiste comerte el sábado está allí, haciéndote sufrir. Pero llegas al final de la rutina convencido que las agujetas mañana serán agradables. “Agujetas agradables”, estoy muy mal.

El lunes es ese día que vuelve a faltarte tiempo para hacer lo que quieres, y te reafirmas en tus buenos propósitos. Sabes que no podrás escribir nada más que este post. Y te prometes que el fin de semana te levantarás pronto y dedicarás todas las horas posibles a escribir.

Pero el viernes noche, que es cruel, te hace trasnochar y el sábado se hace complicado, más cuando acabas de rebajas en un centro comercial. Y el domingo amanece con matinal de cine, como me reí con Big Hero 6 (¿quien me regala un Baymax?), y el sofá te seduce con V de Vendetta y El Legado de Bourne.

Baymax & Hiro, Big Hero 6
Baymax & Hiro, Big Hero 6

 

Dice King que hay que escribir cada día, para no perder el pulso de la narración. Pero para eso debería dejar el gimnasio, o el trabajo, o las tareas domésticas, o dormir. Y uno llega a donde llega. El próximo fin de semana prometo escribir mucho, aunque el domingo por la tarde ya me estén tentando para ir a una fiesta avanzada de carnaval.

 

*Premio al primero que encuentre la referencia, y la comparta en twitter.

Empatizar

No leo Juego de Tronos, no veo la serie. No es que no me guste, al contrario, admiro la capacidad narrativa de George RR Martin, pero tengo un problema: empatizo demasiado con los personajes. Y ya sabéis qué ocurre cuando te encariñas con alguien en Poniente. Dejé la lectura del primer libro durante el viaje de Invernalia a Desembarco del Rey. La pequeña Aria se hace amiga del hijo del carnicero, se enfrentan al entonces príncipe Jeoffrey y todo parece que acabará mal para el joven siervo. Los seguidores de la saga sabéis que ocurrió, en la versión LJ el chaval regenta una exitosa carnicería cerca del Nido de Águilas. Fin de la anécdota uno.

Me ocurre algo más grave, cuando me engancho a un libro suelo adoptar la personalidad del protagonista. El último caso: la melancolía y la búsqueda del sentido de la vida que sufre Marcus Goldman en “La verdad del caso Harry Quebert”. Ya superado. Aunque fue más complejo cuando, leyendo la trilogía “Millenium”, me convertí en una especie de Lisbeth Salander. Aunque mis amigos no dejan de recordarme lo intratable que estaba leyendo “Los pilares de la tierra”, a lo Lady Aliena. Fin de la anécdota 2. (Y tranquilos, no sufro ninguna patología, eso dice mi psiquiatra).

 

Ahora vamos al fondo. ¿Cómo lo hacemos para que el lector empatice con nuestros protagonistas? ¿Cómo hacerlos próximos? No tengo la respuesta. De hecho, abro el debate para quien quiera aportar sus soluciones. Pero dejo algunas reflexiones.

 

Opción 1. Crea empatía con el villano. Crea al menos una duda razonable sobre la justificación de sus actos que inquiete al lector. Oblígalo a soltar unos minutos el libro para que reflexione sobre si es comprensible la actuación del malo, si él actuaria del mismo modo, si hay algún atisbo de perdón.

Las motivaciones del mal pueden ser por un motivo concreto (un trauma, una venganza…), o por una manera de entender el mundo distinta a la de “los buenos”. JK Rowling usa ese segundo camino para describir la sociedad de magos bajo el control de Lord Voldemort. Habla desde el lado del mal para razonar la supremacía de los brujos sobre los muggles. Obviamente, el lector rechaza esa maldad y se pone del lado de Hogwarts, pero se deja seducir en algún momento por la argumentación. No empatizas con Voldemort (aquí la autora no está muy lucida relatando su mala relación de infancia con su familia muggle), pero entiendes cómo su ideología puede cuajar. Cuando lo lees, en algún momento puedes pensar que esa interpretación del mundo no suena mal, o que es coherente en si misma… Un ejemplo de cómo se consigue que determinadas ideas abominables hayan movido masas en la historia de la humanidad. Rowling nos habla del fascismo adaptado al universo de los magos.

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Volvamos a los personajes, que me he distraído.

 

Opción 2. Del mismo modo, haz imperfecto a tu protagonista. Debe cometer errores, debe tener un lado oscuro. Nunca podrás meterte en la piel de alguien perfecto, tampoco podrás enamorarte de él. Amamos las pequeñas imperfecciones. Sin salir del mundo Rowling, Harry Potter es el héroe que nunca quiso serlo, que vence por accidente, y porqué tiene a un par de amigos cerca. Me cabreé muchas veces con Harry, por imbécil, por tener pocas luces… Y ahí está la magia, me enfadé como me enfado con un amigo, cuando creo que se equivoca. Y allí, Rowling me enganchó.

Opción 3. Muchas veces cometemos el error de hacer demasiado peculiares a los secundarios, dejando a los protagonistas con personalidades planas, que nos permitan usarlos a nuestro antojo para desarrollar la trama. No nos pasemos. Los secundarios deben reforzar el foco de nuestra narración, no distraernos de ella. Este es un problema frecuente en las series, especialmente cuando se alargan en demasiadas temporadas. Los protagonistas son cada vez más insulsos y poco sorprendentes y la extravagancia se focaliza en los secundarios chistosos: ¿Cuántas veces habéis pensado que lo que menos os gusta de una serie es el prota?… Si queremos tipos peculiares en nuestra novela que lo sean un poco todos. Vale, os dejo crear algún secundario raro, pero que los ojos del lector no se enamoren demasiado de él, o perderán interés por la trama central.

Opción 4. A la gente le pasan cosas normales. Los superhéroes discuten con su madre por qué no llevan chaqueta cuando hace frio. El doctor más maligno tiene dolor de muelas. El príncipe encantador tiene inseguridades. Esas microtramas, además de desgrasar la historia y dar algo de respiro al lector, humanizan y acercan al personaje. Las charlas de telefónicas de Marcus Goldman con su madre en “La verdad del caso Harry Quebert” son buen ejemplo de ello: durante algunos párrafos escapas de la cada vez más agobiante Aurora para reírte un poco.

Si me queréis de lector, haced que pueda adoptar la personalidad de alguno de vuestros personajes. Pero no los maltratéis demasiado, o vuestros libros quedaran inacabados guardando polvo en los estantes.

Espero replicas.

 

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Cuestión de detalles

Uno de los retos de escribir fantasía o cifi es la necesidad de construir un mundo verosímil donde se desarrolle la acción. La misma libertad que te da poder crear un universo a medida té exige un gran rigor en su desarrollo. Es la versión del escritor del “un gran poder conlleva una gran responsabilidad” del tío Ben. Bueno… esta tarea no es sólo propia de este género, sino de cualquier creador de mundos.

En la mente del autor existe ese mundo hasta el más mínimo detalle, incluso sabes cómo huele y si hay ratas en las alcantarillas o bichejos verdes que esperan el momento para acabar con la especie humana. Puede que este universo se reconfigure según las necesidades creativas, cómo la Fantasía de la Historia Interminable.

Cuando te pones a teclear y concretar ese universo en una trama debes decidir qué parte de ese mundo cuentas, y qué parte dejas a la imaginación del lector. Tolkien nos daba poco margen, detallaba bien su Tierra Media, todo un mérito. El riesgo es construir libros pesados sólo aptos para lectores muy proclives. A mi Tolkien me aburre, lo siento. Pero no le quito mérito, no todos los autores son para todos los lectores. Lo diré así, digiero mejor a Tolkien pasado por Jackson, siempre que no sea la versión extendida de El Hobbit.

Y bueno, tras haberme ganado más de un unfollow, sigamos.

No me gusta describir demasiado a mis personajes, sólo en esos aspectos que son necesarios para la trama. Lo mismo me pasa con los escenarios. Prefiero que el lector los componga a partir de sus recuerdos, de su imaginación, de sus propios anhelos y deseos. Puede que pida demasiado a mis lectores, o que mis textos sean para un tipo de lector.

Hace unos días criticaban una buena novela por qué no detallaba suficientemente una determinada sociedad que aparece en alguno de los capítulos. El autor de la crítica (al que me niego a llamar “crítico”, los motivos los desarrollaré otro día) quería conocer más de esa microsociedad, sus motivos y razones, y se enfadó por no poder hacerlo. El autor de la novela podría haber hablado más de esa micromundo, ¿pero eso hubiera aportado algo más al desarrollo de la trama? Creo que no, la microsociedad cumplió su función respecto a la trama y los protagonistas. Desarrollar esa línea argumental sólo habría alargado unas páginas la novela, que podrán haber sido brillantes, pero innecesarias.

Hace unos días leí también una crítica de “Interstellar”. Entre los puntos fuertes, se alababa a Nolan por no dedicar demasiado tiempo a contar la distopia de la que parte la película. Es cierto, el director va al grano y nos cuenta lo justo. Dedica el metraje a desarrollar su aventura. Desarrollar la historia previa habría dado otra peli, puede que igual de buena, pero otra.

Como lector tiendo a recorrer en diagonal los párrafos descriptivos – y las acotaciones que hablan del estado emocional del personaje mientras está hablando –. Como autor aspiro a contar al lector aquello que le sea imprescindible para que pueda entrar en mi mundo. Prefiero que sus recuerdos, su imaginación, sus propios anhelos y deseos llenen los huecos que he dejado a propósito y hagan suya la historia. Quiero que el día que hagan la peli, porqué harán la peli, mi lector convertido en espectador diga “pues al prota no lo imaginaba así para nada”.

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