Proyecto Marte: Amina Bundermans (8)

Cuando fui propiedad de Peter Leber, el doctor me relató historias de su familia, me hablaba de sus hijos, de su esposa, pero, poco a poco, fue contando historias del pasado de la familia Leber, en la Tierra, y de la familia de su esposa, Belatrize Bundermans.

La historia de los Bundermans en Marte empezó cuando un triste antropólogo llegó a Marte hace casi dos mil años. Formaba parte de una nueva oleada de colonos que, en pocos años, doblaron la escasa población marciana. A pesar que aun debieron pasar varios centenares de años, el planeta se acercaba a la compleción de su terraformación y se necesitaban más pobladores para controlar que no se produjese ningún desajuste en el proceso que mandara al traste tantos milenios de trabajo.

La dureza del planeta, que no sabía de emociones, obligó al antropólogo a cambiar, a olvidar su melancolía. Un antropólogo era un ser raro entre tanto científico físico y biológico, pero Bundermans decía que la diferencia no nos debía hacer sentir mal, sino aprender de ella para convertirla en una virtud.

Fue el quien entendió que la vida humana en Marte, encerrada en módulos y con un exterior aún hostil, debía tomar un cariz distinto. Les enseño a tomar afecto a ese territorio inhóspito. Marte es una oportunidad diaria de aprendizaje, decía.

Isaac se enamoró y tuvo más hijos. Decía que había dejado en la Tierra una hija para la que quería construir un mundo perfecto. Y así fue: la paz marciana, ese modo de vida vinculado a la dureza del territorio y al entendimiento entre sus habitantes fue algo que creó tu segundo padre.

Y, casualmente, Usha Leber, la niña que respiró por primera vez el aire marciano terraformado, era una descendiente de Isaac.

Esto no se cuenta en los libros de historia, y es algo que los descendientes de los Bundermans y los Leber han olvidado. Por desgracia, las guerras de Marte borraron la huella de Isaac. Pero ese legado es tu herencia.

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Yo soy Dios

El avaro y el tiempo es uno de los cuentos que he escrito que más me gusta, y uno de los más raros e incomprendidos. Puede que se merezca una reescritura, y el proyecto está pendiente. En el relato desarrollo mi visión de los viajes en el tiempo.

Esta infografía plantea tres modelos de lo qué puede ocurrir si viajas en el tiempo. Yo soy de la primera columna, la línea fija.

3 teorias de viaje en el tiempo
3 teorias de viaje en el tiempo

Las líneas temporales paralelas me estresan y me dan rabia. Porqué resulta que en un universo paralelo hay un LJ que es famoso y vive de lo que escribe, y yo mientras en esta línea temporal.

La línea de tiempo dinámica lleva a paradojas que te deja en tablas, en un interminable día de la marmota en el que no eres consciente que vives. O un “vete al pasado pero no cambies nada” me atrae poco.

La línea fija me gusta por la irremediabilidad de los hechos. Poner a mis personajes ante retos imposibles me alienta. Dejarlos sin la opción de manipular la prueba del Kobayashi Maru: moriréis en el ejercicio. Aunque bueno, tus personajes no son omniscientes, ellos lucharan para evitar ese futuro que han conocido y no sabe que fracasaran en su intento.

No soy tan malo, en el fracaso de mis personajes radica su éxito futuro (su felicidad) y el ser quien son (su trayecto vital). Yo soy Dios, yo dibujo un futuro para mis personajes, ellos intentan cambiarlo. Si el futuro es distinto no es por su lucha, es por el mi deseo.

Después de endiosarme un rato…

Cuando escribes ciencia ficción o fantasía, cuando decides ir más allá de lo que se plantea como “real” ahora, tienes que tomar partido en cosas así: si pones a tus personajes a viajar por el tiempo, debes decidir cómo sus actos afectaran su realidad. Igual que decides cómo será su sociedad, o cómo será el desarrollo tecnológico.

Me gusta repetirlo, crea mundos coherentes. Si optas por líneas temporales fijas, no plantees paradojas propias de las dinámicas, porqué a tu lector le caerá el libro de las manos si percibe incoherencias. Cuando tus universos dejen de ser verosímiles, no importa lo bueno que seas narrando, perderás interés.

Vale, seré menos radical. No hay que ser perfecto en la coherencia, a veces somos incapaces de conseguirlo, se nos escapan detallitos. Incluso le pasa a JKR:

 

Proyecto Marte: Amina Bundermans (7)

Me dispongo a viajar a Marte, a retomar el camino hasta uno de los ascensores gravítiticos situados en el ecuador terrestre, donde me despedí de Isaac hace tanto tiempo. Me sorprende que tantos siglos después, los ascensores sigan siendo la manera más eficiente de salir de la Tierra. Y tas el ascensor, una lanzadera hasta la Luna para tomar la nave que me lleve a Marte.

He recibido un mensaje de El Hogar, la Unidad JDC pide reunirse conmigo antes que emprenda mi viaje. Esta vez, al llegar, la puerta me espera abierta. Un agente de seguridad me aguarda y me pide que me quite el casco, requerimientos de la Unidad. Sigo el haz de luz que forma el pasillo hasta el espacio circular, con la mesa, la caja metálica y la holorepresentación de Aristide.

  • Querida Amina, espero que no te sepa mal lo del casco, no queremos que, accidentalmente, se transmita al Globo nuestra coexistencia.
  • Lo entiendo.
  • Te hemos llamado para responder a una duda que no hallarás en Marte, aunque te conminamos a visitar el planeta, de todos modos. Queremos hablarte de Isaac.

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Proyecto Marte: Amina Bundermans (6)

Una ironía del destino lo llamaba la abuela. Los ingenieros de Misatonik han desarrollado un casco que permite potenciar mis bioimplantes transmisores y me permiten conectarme al nodo, al Globo y al Gobierno. Otro casco. Válido para mí y para muchos otros individuales.

Al no disponer de una inteligencia cuántica que gestione mi acceso al Globo, no puedo entrar a fondo en los debates, pero mi opinión en forma de voto es recogida en las resoluciones del Gobierno, cómo la del resto de humanos. A pesar del casco, por fin, puedo ser una persona que puede tener una vida normal.

Recuerdo cuando Marte era un sueño, era el proyecto de toda la humanidad, ese sueño por el que luchábamos todos. La máxima aspiración de todo terrícola era poder ser seleccionado para formar parte de la pequeña colonia marciana. Ahora, viajar a Marte es como ir a cualquier zona de la Tierra. No existen limitaciones de estancia o visitas. La magia de Marte se ha perdido, pero yo la quiero conocer, quiero buscar el rastro de Isaac en esas tierras, luego, volveré a la Tierra para estudiar psicohistoria o para intentar comprender porque esa fascinación compartida por Marte lo es ahora por Europa. Y cuando Europa, y luego Ganímedes, sean colonias estables. Y cuando hayamos llenado el sistema solar de estaciones espaciales, me pregunto si la humanidad seguirá necesitando un sueño compartido para seguir llegando lejos.

Se diría que mientras estemos observando el futuro, los humanos no nos peleamos por el presente.

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Ese extraño problema con los lunes, o la dura vida del escritor a tiempo parcial

Quería hacer este post hace una semana, para celebrar el dichoso Blue Monday, pero Sofia se me avanzó con un magnífico artículo, Monday blues, así que lo aparqué unos días.

 

Pues a mí los lunes me gustan.

Puede que así no me trabaje una imagen de escritor bohemio o aventurero, pero necesito cierto orden y hábitos: unos horarios, unas costumbres (algún debería contaros la de crisis raras que me entran en vacaciones). Y el lunes tiene eso, es la vuelta a la regularidad, a cierta previsibilidad cómoda. Ya se sabe que en jueves todo puede ocurrir*, pero no en lunes.

El lunes es ese día que vuelves al gimnasio después de la vagancia y los excesos del fin de semana. Y te apetece hacerlo. Te cuestan especialmente los abdominales y sientes que la pizza que no debiste comerte el sábado está allí, haciéndote sufrir. Pero llegas al final de la rutina convencido que las agujetas mañana serán agradables. “Agujetas agradables”, estoy muy mal.

El lunes es ese día que vuelve a faltarte tiempo para hacer lo que quieres, y te reafirmas en tus buenos propósitos. Sabes que no podrás escribir nada más que este post. Y te prometes que el fin de semana te levantarás pronto y dedicarás todas las horas posibles a escribir.

Pero el viernes noche, que es cruel, te hace trasnochar y el sábado se hace complicado, más cuando acabas de rebajas en un centro comercial. Y el domingo amanece con matinal de cine, como me reí con Big Hero 6 (¿quien me regala un Baymax?), y el sofá te seduce con V de Vendetta y El Legado de Bourne.

Baymax & Hiro, Big Hero 6
Baymax & Hiro, Big Hero 6

 

Dice King que hay que escribir cada día, para no perder el pulso de la narración. Pero para eso debería dejar el gimnasio, o el trabajo, o las tareas domésticas, o dormir. Y uno llega a donde llega. El próximo fin de semana prometo escribir mucho, aunque el domingo por la tarde ya me estén tentando para ir a una fiesta avanzada de carnaval.

 

*Premio al primero que encuentre la referencia, y la comparta en twitter.

Proyecto Marte: Amina Bundermans (5)

La holorepresentación de Aristide ha desaparecido con su sonrisa. El círculo de luz se mantiene, y no se dibuja ningún camino de vuelta. Espero. Contemplo la caja metálica sobre la mesa, pero no la toco. Parece frágil, está muy oxidada y llena de golpes.

  • Soy yo. Fue mi cuerpo físico, aún siento que vivo en él.

Las palabras, tras de mí, hacen que me sobresalte. Ha vuelto la holorepresentación de Aristide.

  • ¿Tú?
  • Supongo que te cuesta entender el nosotros de la coexistencia, lo siento. Soy yo, la unidad JDC, esa cajita contiene la unidad física original donde me guardó Mala. Allí dentro empezó todo. La doctora Bin Dalh me llevó a Marte saltándose la Norma Gryce. Allí sobreviví a la primera guerra en Marte. Allí estuve confinada hasta que Aristide me rescató del Centro de Interpretación de Marte. Yo existo, la coexistencia existe porqué en algún momento, algún humano puso en duda las normas humanas. Ahora Amina, tú has puesto en duda otra. A través de una coexistencia externa hemos subido una petición de urgencia al Gobierno, el debate ha sido intenso y muchos argumentos se han presentado a favor y en contra…
  • Pero si sólo han pasado unos segundos desde que…

Lo siento, no sabemos explicarte bien nuestro mundo. En una lógica cuántica, ha habido tiempo de sobras para debatir. Las consciencias humanas han tomado una decisión. Has ganado, no es justo que quien tenga una limitación física para acceder al Gobierno no pueda ser considerado un adulto. El Gobierno pondrá remedio a ello, sólo te pide tiempo.

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Proyecto Marte: Amina Bundermans (4)

  • Puedo llamarte Amina, supongo. Llámame Aristide. Hace siglos que no puedo hablar con una consciencia humana.
  • No, no lo entiendo, no puedes…
  • Cuando llamaste a la Unidad JDC, hay algo que no sabías. La Unidad no existe individualmente, coexiste con mi consciencia desde que nos unimos tras el alzamiento androide en Marte. Cuando mi cuerpo murió, yo persistí en su consciencia. Somos dos a la vez que somos unos.
  • Esto es imposible.
  • No lo es. Es posible. No somos los únicos. Ha habido más casos, pero preferimos mantenerlo en secreto. Sería demasiado complejo para ser entendido.
  • ¿Y por qué me lo cuentas?
  • Porqué, como yo, como nosotros, tú eres otro ser raro en este mundo afable y anodino de coexistencias conectadas. La coexistencia no es perfecta, pero ha permitido a la humanidad siglos de paz y progreso.
  • Da algo de miedo.

La holorepresentación asiente, pero no pierde la sonrisa.

  • Nos ha creado curiosidad tu interés por la Unidad JDC, ya nadie se acuerda de ella, de nosotros. Y esto es bueno.
  • No quiero ser una simple individual, y pensaba que la Unidad podría entender mi modo de verlo. Ahora ya no, porque coexiste…
  • Coexistimos, es cierto, pero nuestras dos consciencias aún recuerdan ser individuales. No nacimos para coexistir, nuestra unión fue más bien accidental. Habla, por favor.
  • No quiero ser tratada más como una rara. Ya lo fui una vez. No quiero que se me limite. Quiero ser lo que quiera ser, independientemente de que coexista o no. Quiero unirme al Globo, poder decidir en el Gobierno. Quiero una vida plena, quiero la vida que dos veces no pude tener. Puede que mi existencia sea un error, puede que debiese morir hace dos milenios, pero no, sigo viva. Sigo aquí y quiero vivir, por una vez. Quiero ir a Marte a hallar el legado de Isaac, puede que quiera ir a Europa. Pero no quiero que nadie me diga lo que puedo o no puedo hacer sólo por no tener una máquina que piensa metida en mi cerebro… Pe… perdón, lamento estas últimas palabras, no quería…
  • No te preocupes. Tu petición es razonable, pero nosotros no tenemos capacidad para eso, las decisiones son del Gobierno, no de las inteligencias cuánticas.
  • Pero a ti te escucharan, no a mí.
  • No es tan fácil.
  • Más difícil es vivir dos milenios, y mírame.

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Proyecto Marte: Amina Bundermans (3)

Durante siglos la conexión con el Globo y el Gobierno se hizo a través de biotransmisores cómo los que yo tengo. Se usaba nuestro estado de semiinconsciencia propia de los sueños para estas conexiones. Con la coexistencia, esta tarea la media la conciencia cuántica y quedan fuera de ella los que no coexisten.

Que sea algo que ocurre desde hace siglos no implica que sea la forma justa de hacer las cosas. He intentado que alguien hablara al Gobierno en mi nombre. Pero para ellos solo soy una niña, una simple consciencia humana que no tiene capacidad de raciocinio, porqué le faltan los conocimientos de su lado cuántico. Me escuchan y sonríen cómo una madre escucha las descabelladas ideas imaginativas de sus hijos.

Me he presentado en El Hogar. Si ninguna coexistencia me quiere escuchar, intentaré hablar directamente con consciencias cuánticas. Puede que sea una locura, pero no tengo otro camino ya.

Como era de esperar, no puedo acceder dentro del edificio. Este sólo se abre para recibir a los jóvenes que esperan obtener una inteligencia cuántica con la que coexistir. Incluso cuando una consciencia vuelve allí, si no llega a través del Globo, el acceso se hace por conectores situados fuera del edificio.

El Hogar no parece tener ninguna puerta, todas las paredes mantienen una continuidad, una piel metalizada impermeable. Pero recuerdo las palabras de la abuela: Amina, debes ser amable con la gente, pedir permiso, dejar pasar a las personas mayores y llamar a la puerta para entrar a los sitios.

Así que me acerco al muro y doy dos golpecitos metálicos con los nudillos y espero. De reojo, puedo ver a varios viandantes observándome. Vuelvo a repetir los golpes y espero de nuevo. Al rato se acerca un joven uniformado de blanco, un agente de seguridad. Me informa amablemente que El Hogar es un recinto cerrado al que no puedo acceder. Con la misma amabilidad le respondo que soy una individual y que vengo a hablar con la Unidad JDC que, por lo que sé, también es una conciencia individual desde hace milenios.

Como espero, una puerta se abre en los muros. Me despido del agente y entro. No sé si la pared tenía orejas, o la inteligencia cuántica del agente ha transmitido rápidamente mis palabras por el nodo y han llegado hasta El Hogar. Me inquieta pensar que en este nuevo mundo no exista la opción de ser anónimo o intentar pasar inadvertido.

Unas luces dibujan el pasillo. Por el resonar de mis pasos, siento que estoy en un espacio muy amplio y alto, pero solo soy capaz de ver el camino que tengo delante. Tras de mí, las luces se apagan por la zona que ya he transitado.

Se dibuja un círculo de luz, dentro, sobre una mesa blanca hay una vieja caja oxidada. Tras ella, una holorepresentación humana, creo reconocer en ella a la doctora Aristide Pont-de-fer, aparece en muchos de los holovideos que he visto en las últimas semanas.

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LJ Salamas se va, pero…

Cuando me puse en serio con esto de escribir opté por usar pseudónimo. No por ocultar mi identidad, a lo Clark Kent, sino para no crear confusión con mi perfil profesional. Opté por LJ, iniciales de mis nombres de bautizo, y Salamas, fusión de mis apellidos.

En las últimas semanas he meditado mucho en quien soy, en los que ya no están, en lo que quedará. Pensaba en la decisión de usar pseudónimo y en mi abuelo, que se fue hace años. Mi apellido paterno es poco común, pero el destino dio hijos varones a la familia, así que el patronímico se preservará al menos un par de generaciones más.  Pero pensaba en mí, que no daré apellido a ningún hijo.

“¿Y yo que haré?, yo escribiré libros y mi nombre llenará estantes”. Quiero poder contarle a mi abuelo, que debe seguir refunfuñando en algún lado, que su apellido se ha hecho famoso gracias a las novelas de su nieto.

Diréis que creo demasiado en mis posibilidades, pero si no creo yo en mi… Y puede que estas fiestas me hayan puesto melancólico, pero siempre me he sentido orgulloso de mi apellido y es momento de remediar una mala decisión al elegir nombre.

Es por ello que, con el 2015 dejo el LJ Salamas. A partir de hoy, LJ Salart.

Mi madre lo entenderá.

 

Feliz año.

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