Un día para estar orgulloso

Hoy es el día de dar las gracias a todos y a todas las que lucharon para que la homosexualidad dejara de ser tratada como una enfermedad, para que dejásemos de ser delincuentes simplemente por ser. Por aquellos y aquellas que dieron y dan su vida, su libertad.

Gracias a todos hoy no debo esconder mi sexualidad, gracias a todos puedo ser marido y padre.

Gracias.

Hoy es el día para luchar. Por los que murieron en Orlando. Por los asesinados  por fanatismos. Por los torturados en Chechenia. Por los que son ilegales en sus países. Por los que son agredidos por sentirse orgullosos de lo que son. Por los que no solo pueden esconderse y sufrir.

Por todos luchamos.

ORGULLO

 

Foto: Peter Hershey

Héroes

Usamos el concepto héroe con mucha facilidad. Y no hablaré de los héroes semidioses de la mitología clásica, ni de los superhéroes de cómic.
Llamamos héroe a quien supera una enfermedad, yo lo llamaría superviviente. Llamamos héroes a quien sobrevive o mueren en momentos terribles, yo los llamaría víctimas. Llamamos héroes a gente que lo que hace es sobrevivir en condiciones adversas, yo lo llamaría luchador.
Para mí un héroe es Ignacio Echeverría, quien pudiendo escapar y recordar el momento como el mayor susto de su vida, corrió hacia uno de los terroristas que el pasado sábado atacó en Londres, patinete en mano, para intentar ayudar a un desconocido. Ignacio murió salvando un desconocido, eso es un héroe. Como lo son Kirsty Boden o Sara Zelenak, ambas australianas, que también murieron el sábado intentando auxiliar a las personas que habían sido atacadas.
Mi más humilde y sincero respeto hacia ellos tres. Mis mas sinceras condolencias a sus familias.

Somos una especie despreciable

El escritor llega al Medusa poco después de las diez. Ocupa su mesa al lado del piano, junto del ventanal, dejando el mar como espectador de sus tecleos, que hoy está enfadado, se queja y rompe contra la playa y los arrecifes.

Han dejado las decoraciones navideñas, unas ramas secas envueltas con lucecitas blancas. Àngels le cuenta que se quedaran ya todo el año, la verdad es que quedan bien. El escritor hace tiempo que no ha podido escaparse un fin de semana para escribir, fiestas mediante, y este quiere aprovechar. No tiene que pedirle a Àngels la miel para el café, y le tuesta el bocadillo de jamón york a la plancha. Como dice el tópico, hogar es donde te sientes como en casa. Suena la música perdida de Mónica Molina.

 

Habíamos creído que la conectividad nos haría iguales para bien. Disponer de voz propia en las redes sociales, acceder a información directa sin mediar… Pensábamos que haría ciudadanos libres, informados y preparados para reivindicar sus derechos, movilizarse y construir una sociedad mejor.

Pero la voz propia la usamos para decir memeces o para que pensar que nuestro “y creo que” está por encima del criterio de profesionales o estudiosos. Cuñadismo, se ha venido a llamar. Pero es más grave que un mero chiste en twitter. Nos hemos cerrado a conocer, a entender, a aprender, tomamos nuestra cuenta en redes como si fuera una cátedra universitaria. Claro que tenemos derecho a tener una opinión propia, ¿pero en base a qué la tenemos?, hemos olvidado la razón crítica por el querer tener razón y el criticar por criticar.

Recuerdo un montaje fotográfico: unos tiburones en el metro neoyorkino tras unas inundaciones. Coló como verdad. Y así tantas fotos, así tantas noticias falsas que creemos ciertas. Lo superficial es matar durante horas a famosos en twitter, lo profundo es que no nos preguntamos si lo que vemos o leemos es cierto. Sólo lo creemos. Cuñadismo compartiendo noticias absurdas sobre tal o cual enfermedad en Facebook. Y no hablemos de la homeopatía, no hablemos.

Diréis que antes la opinión existente era la que marcaban los medios de comunicación masivos y sus intereses empresariales. Antes sólo había una fuente de información y nos decían qué saber o qué pensar. Mi queja es que no hemos usado estas herramientas para construir algo mejor, sino para creernos mejores al resto. El exponente, los youtubers despreciables: los que insultan gente por la calle, los que dan de comer galletas con dentífrico a indigentes. Lo grave es que lo hacen y no se arrepienten. Lo grave es que la gente ve sus vídeos y justifica como humillan a débiles o desprevenidos. Lo grave es que ganan dinero con ello, los youtubers y Youtube.

Somos una especie despreciable.

 

El escritor publica su texto en su blog, qué tenía algo abandonado. Cuando creó su identidad digital se prometió no meterse en temas políticos o conflictivos, hablaría de libros, literatura y máximo se quejaría del declive de lectores. Pero eso fue antes de darse cuenta que las identidades digitales dejaban florecer lo más despreciable de la humanidad. El escritor rebañó la taza de café buscando las últimas gotas de miel, mientras soñaba utopías robóticas.