¿Quién rescata a los héroes?

sueñosAyer os pregunté por twitter ¿Quién rescata a los héroes?

¡Gracias por responder! Aquí va un pequeño esbozo de mi próxima novela, titulado a modo provisional “Sueños del futuro”, con vuestras respuestas hilando la conversación entre Joe y Sophia. El texto es provisional, así que no lo busquéis en la novela, puede que no esté, o la charla la tengan otros personajes.


 

¿Quién rescata a los héroes?

Hace frío, no parece que sea casi verano, y que yo me enteste en vestirme con vestidos de tirantes no ayuda. No me atrevo a pedirle que me abrace, no puedo, no debo, no sería correcto. No me atrevo a interrumpir sus pensamientos. Sólo me atrevo a observarlo, contemplar su barba pelirroja, buscar sus ojos en la oscuridad.

—Dicen que debajo del Peñasco hay una cueva. Y en esa cueva hay un pozo que si observas el fondo ves el reflejo de la luna llena, aunque no haya luna en el cielo. Y que si te lanzas, y nadas hasta ella vivirás para siempre.

—¿Conoces a alguien que lo haya intentado? Llegar al fondo.

—No hay cueva. No conozco a nadie que conozca esa cueva, aunque todos conocemos la leyenda.

—Bueno, pues ahí está la gracia, que sea una leyenda, un cuento… Si hubiese cueva y pozo, no sería una historia que se cuenta a los niños, ¿no? Habría cola de gente queriendo ser inmortal.

—Y si todo fuese una leyenda… Lo nuestro…

—Sería más fácil, pero nosotros existimos. Estamos en esa lista, tú existes, con tus poderes de superhéroe preparado para cuando llegue nuestro momento. Preparados desde pequeños para rescatar al mundo.

―¿Y quién rescatará a los héroes?

―Los héroes se rescatan solos, que por algo son héroes.

―No, Sophia, hablo en serio.

―Pues no sé. Alguien habrá, a Harry Potter lo salvaba todo el mundo, Ron, Hermoine, Dumbledore, creo que incluso Voldemort lo salvó una vez.

―Vale tú ganas.

Joe casi ríe. Y recuerdo a Olga diciéndome que el día que un chico entienda mis bromas no le deje escapar. Me gustaría sonreír, pero aún me duele demasiado.

—A los héroes griegos los ayudaban los dioses, sus padres. Que igual los salvaban de los líos que ellos mismos los metían. Pero claro, ahora no tenemos dioses, ¿no?

—Alguien o algo nos creó.

—Nunca me lo había planteado. A Superman lo metió en el lío su padre, salvándole de la destrucción de Kriptón, aunque no me preguntabas por esto.

Joe sonríe, aunque su sonrisa es triste. Me gustaría un día verle reír. Poder reír con él, antes que no haya nada de lo que reír. O después, cuando la risa sea la única vía para volver a aprender a ser felices.

—Me pregunto qué pasará con nosotros si fracasamos, ¿quién vendrá a por nosotros? O si triunfamos, quien nos curará las heridas, no sólo las físicas, también las del alma. La humanidad, la que sobreviva, ¿confiará en nosotros o nos tendrá miedo?

―Joe, yo te cuidaré, yo te curaré las heridas físicas y las del corazón. Y no seremos más héroes, sólo tú y yo. Después de nosotros, deberán ser ellos los héroes.

No lo debería haber pensado, tampoco debería haberlo dicho. No es correcto. No debo. Joe intenta tomarme de la mano, yo la aparto. Joe se pone en pie.

―Está a punto de amanecer, será mejor que volvamos.

Navidad en Marte. Las galletas de tía Mala

En Navidad uno se pone melancólico y echa de menos a sus personajes. Os invito a esta pequeña reunión familiar, 9 años antes que Usha Leber respirara el aire de Marte, de forma oficial.

Feliz Navidad

Las galletas de tía Mala

―Tía Mala, ¿por qué las galletas tienen un sabor un poco amargo?

―Es ralladura de cáscara de pomelo, que en Marte son mucho más amargos que en la Tierra. La receta es así y no debe cambiarse. Mi madre decía que el jengibre nos da fuerza y vida, la miel nos da dulzura y abrazos y el pomelo nos recuerda que las cosas no siempre serán bonitas, y que debemos disfrutar de ellas.

La pequeña Usha Leber esperaba las Fiestas del Solsticio con ansia. Las semanas anteriores al solsticio de invierno, con los otros niños del módulo, se afanaba en llenar las zonas de paso, estancias individuales y espacios comunes con las hojas secas que habían ido recopilando y decorando a lo largo del año. La noche del Solsticio, y hasta tres noches después, los más pequeños mandaban en Marte, e igual ocurría en la Tierra. Eran días de canciones a todas horas, comidas dulces y juegos incesantes.

Usha, como hija del Dr. Leber, el líder natural de esa estación, ocupaba el lugar de su padre en su pequeño laboratorio y recibía a los demás niños. Estos le contaban sus planes para el solsticio y ella, tras analizar cada propuesta con la mirada circunspecta que había copiado de su progenitor, los aprobaba. El doctor la observaba con afecto, “Bellatrise se sentiría tan orgullosa de ella”.

Nadie conocía a ciencia cierta el origen de las Fiestas del Solsticio, se perdían antes de la Era Oscura. Pero si se sabía que era una celebración tan arraigada en la cultura terrestre y marciana que, una vez, los niños habían acabado con un dictador. Cuando el procurador Llanos decidió abolir las Fiestas, dentro de su Matriz, la revuelta popular fue tal, incluso entre sus más allegados, que Llanos acabó exiliado a las minas marcianas.

Las Fiestas del Solsticio eran el único momento que la Dra. Bin Dalh se acercaba al destacamento por voluntad propia. Incluso preparaba galletas de jengibre con forma de estrella, siguiendo una antigua receta familiar que sólo debía cocinarse para esas fiestas. La doctora no era buena cocinera y la unidad JDC6000 le repetía cada paso del proceso varias veces.

La doctora andaba hasta el destacamento sin ninguna prisa, contemplando el paisaje de Marte, tan salvaje, tan verde, exhalando vida por cada rincón. A su llegada se presentaba ante la pequeña Usha y le pedía permiso para alojarse en el módulo durante las Fiestas, a cambio le ofrecía unas galletas. La pequeña tomaba una y la probaba con seriedad, luego, se comía tres seguidas y daba permiso a su tía Mala para quedarse con ellos.

En esos instantes, contemplando a Usha, Mala recordaba la primera vez que preparó esas galletas en Marte. Era su tercer solsticio, los dos primeros se había empeñado en quedarse en el módulo sur haciendo sus experimentos. A pesar de la insistencia de sus compañeros, se quedaba esos días sola, con la unidad JDC6000 como única compañía. «¡Qué tonta fui!», pensó años más tarde. De pequeña disfrutaba mucho con las Fiestas del Solsticio, planificaba durante meses las decoraciones de hojas y preparaba planes complejos para poder hacer todo lo que querría durante esos días. Cuando marchó a Marte, las fiestas le recordaban lo lejos que estaba de casa y se negaba a celebrarlas.

La noche anterior a su tercer solsticio en Marte llegó un transdeslizador inesperado a su estación polar. Los doctores Leber, Mintchwalk y Kamka la obligaron a acompañarles a su destacamento a celebrar las fiestas. Como no podía ser de otro modo, se indignó e hizo aspavientos mientras se la llevaban, metiendo en el petate a la unidad JDC. En esas fiestas volvió a sentirse llena de vida, aunque su felicidad tomó sabor de cáscara de pomelo cuando Peter le presentó a Bellatrise.