Lugares para ser feliz: Medusa L’Escala

Empecé a frecuentar el Medusa en junio de 2013, poco después de su reinauguración, cuando esto de escribir se convirtió en una necesidad vital insalvable y un serio proyecto profesional. Buscaba un lugar tranquilo y bonito en el que pasar horas escribiendo sin que me mirasen mal por ocupar una mesa tanto tiempo. Me gusta pensar que fui uno de los primeros clientes del Medusa, y que sigo siendo un cliente fiel, a pesar que sólo pueda visitarlos un fin de semana al mes. Es lo que tiene vivir a 115 kilómetros.

En el Medusa tengo mi rincón para escribir, la mesita en el interior frente al mar. Esa vista que no me canso de fotografiar y que, recurrentemente, aparece en mi Instagram, para mayor sorna de mis amigos. Que el Medusa esté situado en un rincón de la playa le da un carácter especial, acogedor, íntimo.

El Cargol. Foto: Ricardo Salas.

Pido un café con leche y un bocadillo o una porción de pastel, abro mi portátil rojo, pongo música y dejo que me visiten las musas. Mucho de lo que he escrito ha nacido aquí, las vistas me han inspirado. Incluso algunos de mis personajes han tomado forma observando los lugareños.

La mayoría de cuentos de la saga inacabada de las Crónicas de las Hilanderas son hijos de este paisaje. Imaginé los barcos de “Todo brilla bajo el sol” navegando tras el Cargol (esta roca que veis en la foto en medio de mar), “El Reino de las Nubes” se mostró ante mi observando el cielo sobre el Hostal Empúries (que puede que hayáis visto en algún anuncio).

Incluso, cuando me pongo postapocalíptico (eso en la novela que escribo y no dejo leer aún a nadie) llevo a mis personajes a mi pueblo y el Medusa sigue aquí, con alguien tocando el piano y Ricardo, el jefe, sirviendo cafés (o el brebaje que exista en un mundo postapocalíptico).

Si algún día consigo vivir de esto de escribir, puede que Ricardo me pida algo de derechos de autor. Aunque yo aspiro a hacerlo rico (no sé si quiere hacerse rico) del mismo modo que The Elephant House en Edimburgo se llena de fans de Harry Potter (para los despistados, es la cafetería donde se dice que JK Rowling escribió la primera novela de la saga, al abrigo de una calefacción que no podía pagarse en casa). Por cierto, poco después de escribir esto me ha vendido un décimo de la Lotería de Navidad, otra forma de hacernos ricos: el 35.078.

Medusa. Foto: Ricardo Salas.

Medusa L’Escala


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