El reino en las nubes | Crónicas de las Hilanderas

El reino en las nubes.  Observaba el cielo, tumbado en el campo de amapolas, tras la ermita. Escapaba allí todas las mañanas, mientras los monjes se dedicaban a sus rezos. Imaginaba que andaba sobre las nubes, como el rey de los cielos. Observando a los hombres, decidiendo cuando les regalaba lluvias propicias o los castigaba con largas sequías. Sus padres habían muerto en una época de pocas aguas, de hambre. Por suerte, un monje se había apiadado de él.

El campo era polvoriento, las amapolas languidecían durante el día. Pocas veían el siguiente amanecer, cuando el leve rocío les daba algo de vigor. El pueblo lloraba porqué las cosechas escaseaban, los monjes doblaban sus rezos al dios de los cielos para que fuera clemente. Él quería ser el héroe que llevara la lluvia a su pueblo.

El monje bibliotecario le había enseñado a leer con viejos libros. Recordaba especialmente uno de ellos, donde un hombre volaba con unas alas de pájaro echas de cañas y telas. Construyó un cometa para subir a los cielos y reclamar el trono sobre las nubes.

Con las primeras luces del alba, subió al tejado de la ermita, con sus alas de tela y caña, dejando que un golpe de viento lo llevara, arriba. Cuando llegó sobre las nubes, se soltó de la cometa con un cuchillo de las cocinas entre las manos.

Las nubes no sostuvieron al héroe, las atravesó gritando, desgarrándolas con el filo de su arma.

Se rompió en el suelo, mientas el cielo se desangraba en agua sobre el pueblo.

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