Cuentos crecientes: Carrabás, Cheshire, Schrödinger y Ulthar 5/5

Adquirí notoriedad tras mi primer trabajo, convirtiendo al pobre hijo de un molinero en marqués Carrabás y casándolo con la hija del rey. Ciertamente tuve que mentir por doquier y eliminar a un ogro mediante engaños, pero que más podía hacer si el padre del chico le dejó como única herencia un gato. Pero la buena vida me acabó aburriendo, colgué mis botas y fui a por otras aventuras.

De mi segundo trabajo recuerdo especialmente a esa niña que cayó en el Reino de Corazones, rubia, ilusa, feliz, loca como todos los que estábamos allí. Me alquilé cómo guía del País de las Maravillas, una ocupación algo aburrida, a pesar que en esos lares no había nadie muy cuerdo. Pero incluso la locura se vuelve rutina, así que me entretenía planteando retos de lógica y adivinanzas a los visitantes. Se ponían nerviosos, era delicioso. Digno de mi sonrisa.

Para mi siguiente trabajo me dejé llevar por el riesgo, un trabajo a vida o muerte. Aunque la oferta era algo engañosa, un gran disgusto. Acabé de gato encerrado en una caja vivo y muerto a la vez. La gracia del reto cuántico planteado por el Schrödinger era que nadie podía abrir la caja donde estaba encerrado para ver si estaba vivo o muerto. Mortal de aburrimiento estar allí dentro.

No acabo de entender esa mala costumbre de querer eliminar a los gatos. Parecen el viejo campesino de Ulthar y su esposa, aficionados a acabar con gatos, hasta que los gatos acabaron con ellos. Gatos grandes y pequeños, negros, grises, rayados, amarillos y blancos. Supongo que a los hombres les da miedo que seamos más listos que ellos.

Por cierto, si alguien ve a Schrödinger, que le recuerde que los gatos tenemos siete vidas y que en dentro de la caja estoy, obviamente, vivo. ¡Qué me saque ya!

gato_MJ

Cuento Creciente gracias a la inspiración fotográfica de MJ Cavero @Emejotita82 (com-unidadesvirtuales.com)

Las versiones originales: El Gato con Botas, Alicia en el País de las Maravillas y Los Gatos de Utah. Y la paradoja del Gato de Schrödinger, siempre mejor en La Puerta de los Tres Cerrojos.

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