Cuentos crecientes: Tratado de belleza 5/5

“Sólo el verdadero amor te librará.” Era un hechizo de manual, página 215, concretamente. Él era un joven príncipe terriblemente bello. Alto, atractivo, magnífico jinete, el perfecto yerno que elegiría todo rey para sus hijas casaderas. Pero era pérfido, de corazón oscuro. Enamoraba a cualquier chica que se le cruzara por delante, fuera princesa o plebeya, jugaba con ellas y las dejaba. Corazones rotos, hijos bastardos, suicidios adolescentes.

Lo de los colmillos. Vaya. Creo que fue por su sonrisa, era tan radiante, tan blanca… me enamoró tanto. Cuando sonreía se lo perdonabas todo. Fue una debilidad personal en el hechizo. Aunque niego cualquier acusación de haber actuado por rencor. Vale que fuera directamente afectada, como muchas otras bobaliconas. No fue una venganza personal. Fue justicia mágica.

En mi defensa, deja que diga que, cuando todo ocurrió, fui muy felicitada en la comunidad mágica. Perfecta aplicación del hechizo de la belleza interior: serás bello por fuera tal y como lo eres por dentro y sólo volverás a ser bello por fuera cuando lo seas por dentro. En aplicación práctica: cuando una chica se enamorara de él por cómo era, no por su cara bonita.

¿Qué diferencia una bruja de un hada? Hábil pregunta. Yo te diría que una diferencia moral. A ver, en nuestra comunidad tenemos de todo, brujas que les va ser malas y hacer daño por puro placer. Pero, en general, todo depende de cómo y quién interprete tus actos. En este caso, todo se reduce a una historia de amor narrada por sus protagonistas. El chico tiene que hablar mal de mí.

Teatralidad, querida. ¿Porqué poner una fecha límite al uso? El reloj de arena… muy fácil. Lo de la doceava campanada de la medianoche ya estaba usado. Busqué algo más simbólico. Antes que caiga el último pétalo… Funciono, ¿verdad? ¿Y a mí quien me agradece haber convertido a ese canalla en un hombre de provecho? ¿Me invitó a la boda? No. Rencoroso.

La versión oficial: La bella y la bestia

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